Un nuevo round se armó en una pelea eterna: el ordenamiento del tránsito. Ahora los peatones son los que se quejan frente a muchos ciclistas, que andan por lugares indebidos y no respetan las normas de tránsito. ¿Abusan de su nueva posición de poder?

Hasta hace un tiempo atrás, los ciclistas eran muy perjudicados. Nadie los tenía en cuenta a la hora de marchar por una calle y debían sufrir encierros y faltas de respeto de motociclistas y automovilistas. Pero desde hace un tiempo, agrupados en redes sociales y con una incipiente moda de la bici, lograron hacerse valer y generar conciencia.

En Santa Fe, por ejemplo, se instalaron ciclovías y talleres ambulantes para que estos puedan usarlas. El vehículo sobre ruedas que no perjudica al ambiente y hace bien a la salud fue ganando adeptos en la ciudad. Pero con ello también llegaron aquellos que no respetan las leyes de tránsito y creen haber ganado más derechos de los que deberían: no frenan ante los semáforos en rojo, se paran en las sendas peatonales y andan por veredas o boulevares. Ahora quienes pusieron el grito en el cielo son los más débiles de la cadena: los peatones.

El periodista Juan Manuel el Negro Velásquez empezó a subir los mensajes de sus oyentes haciéndole saber los problemas que causan los ciclistas: “Ayer cuatro pibes chocaron a un hombre. Para colmo los maleducados decían que los tontos son los que caminamos por la vereda, porque vamos por el medio”, le contó un hombre. Y completó: “Una vergüenza la falta de educación que hay”.

Uno de los lugares con más problemas es el Boulevard Gálvez, donde muchos transitan por el medio y se encuentran con cientos de santafesinos que caminan. El resultado es lógico: provocan serios golpes, sin ningún tipo de control.

El otro lugar donde el peligro es aún mayor es la ruta 168. Muchos ciclistas (con las normas de seguridad para transitar, como el casco) van en fila india: ¿el problema? Cuando hay salidas, como la que lleva al Walmart y al barrio El Pozo, o la de la ruta 1, para retomar hacia Colastiné o Rincón, los autos deben frenar de manera abrupta y encontrar un hueco milagroso para filtrarse entre los ciclistas que no atinan a frenar. Un simple roce, a esa velocidad, podría provocar un fuerte accidente.

Mientras los que se mueven en bici siguen luchando por ganar derechos y conciencia frente a vehículos de mayor porte, los peatones reclaman su parte. La eterna lucha por ordenar el tránsito, donde los más débiles siempre son perjudicados.