
Michael Flynn renunció al cargo anoche tras reportes de que informó erróneamente al vicepresidente, Mike Pence, y a otros funcionarios sobre sus contactos con Rusia. Su marcha supone el mayor revés hasta el momento para el equipo de asesores del republicano.
La controversia alrededor de Flynn creció en los últimos días luego de que salieran a la luz en la prensa sus conversaciones con el embajador ruso en Estados Unidos, Sergey Kislayak. Según The Washington Post, Flynn habló con el diplomático varias veces durante los dos meses previos a la llegada al poder de Trump, el 20 de enero, y conversó específicamente con él sobre las sanciones impuestas a Moscú por el entonces presidente Barack Obama por espionaje durante la campaña. Según la ley, un ciudadano que no forme parte del gobierno –como entonces era el caso de Flynn– no puede inmiscuirse en política exterior.
Flynn, que integraba la mesa chica del equipo de gobierno, dijo en su carta de renuncia, que mantuvo numerosas llamadas telefónicas con el enviado de Moscú en Estados Unidos durante la transición y dio “información incompleta” sobre esas discusiones al vicepresidente. Pence, al parecer confiando en la información que le había proporcionado Flynn, dijo en un primer momento que el asesor no había discutido las sanciones con el embajador ruso, aunque éste reconoció más tarde que podrían haber abordado el asunto.
En su carta de renuncia, Flynn resaltó: “Sin advertirlo ofrecí al vicepresidente electo y otros información incompleta sobre mis llamadas telefónicas con el embajador. Me disculpé sinceramente con el vicepresidente y él aceptó mis disculpas”. “Ofrezco mi renuncia, honrado de haber servido al presidente Trump, quien en solo tres semanas ha reorientado la política exterior de EE.UU. para devolver el liderazgo fundamental del país en el mundo”.
Trump designó al teniente general retirado Keith Kellogg como asesor de seguridad nacional interino. El presidente considera al exdirector de la CIA David Petraeus y el vicealmirante Robert Harward, un SEAL de la Marina, para el puesto, según un alto cargo del ejecutivo.
Las revelaciones fueron otro revés desestabilizador para un gobierno que ya encajó una importante derrota legal, no pudo poner en marcha una de sus políticas bandera y protagonizó una serie de tropiezos diplomáticos embarazosos.
Deshacerse de un cargo tan importante a sólo tres semanas de mandato es un golpe para la flamante administración. Y, sobre todo, es darle la razón a la prensa que ha destapado el caso, algo que Trump detesta. Pero evidentemente el presidente decidió cortar el problema de raíz y no seguir sumando piedras a su gestión, que ya soportó un revés de la justicia por su decreto migratorio para suspender la inmigración de ciudadanos de siete países musulmanes.


















