Polémica por el alfabeto de los cuadernillos “Seguimos Aprendiendo en Casa”

Una de las críticas gira en torno a la incorporación de la CH y la LL en el alfabeto inlcuido en los manuales.

Hace unos días se inició una polémica en torno a los cuadernos repartidos por el Ministerio de Educación para que los chicos continúen estudiando desde sus casas durante la cuarentena, en especial en el del nivel primario.

¿Qué pasó? Se publicó un alfabeto en el que figura la CH y LL. En función de las recientes observaciones recibidas, desde el gobierno provincial brindaron una serie de recomendaciones: “se acordó la incorporación del alfabeto en el cuadernillo, justamente por tratarse de una fuente de información que necesitan niños y niñas de 6 a 7 años que empiezan el aprendizaje sistemático de la lectura y escritura. Es importante tener en cuenta que, si las clases se estuvieran dando en el entorno del aula convencional, sería habitual que los docentes utilizaran las láminas con el alfabeto en las paredes. De hecho, este es un recurso que se puede encontrar en cualquier escuela, ya que es una fuente de información que constituye parte de un entorno alfabetizador”.

En tal sentido, el alfabeto impreso en el cuaderno Alfasueños 1 puede encontrarse en el Diccionario Panhispánico de Dudas (https://www.rae.es/dpd/abecedario) donde se aclara: “El abecedario español está hoy formado por las veintinueve letras siguientes: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z (→ a, b, c, etc.). Esta variante española del alfabeto latino universal ha sido utilizada por la Academia desde 1803 (cuarta edición del Diccionario académico) en la confección de todas sus listas alfabéticas. Desde esa fecha, los dígrafos ch y ll (signos gráficos compuestos de dos letras) pasaron a considerarse convencionalmente letras del abecedario, por representar cada uno de ellos un solo sonido. No obstante, en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, se acordó adoptar el orden alfabético latino universal, en el que la ch y la ll no se consideran letras independientes. En consecuencia, las palabras que comienzan por estas dos letras, o que las contienen, pasan a alfabetizarse en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. Esta reforma afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte”.

En este contexto, la grilla que se presenta con el alfabeto es un portador de información que los niños y niñas, que están atravesando un proceso de alfabetización inicial, necesitan tener a disposición como referencias explícitas a modo de pizarrón. La CH y LL son dígrafos cuya representación gráfica debe aparecer en el alfabeto del que se valen los y las docentes para enseñar a leer y escribir.

En torno a todo lo expuesto, la cartera educativa manifiesta que la perspectiva adoptada para la enseñanza de la lengua escrita, en este particular contexto de distanciamiento social, se sostiene en un enfoque de la enseñanza cultural, sistémico y equilibrado; cuyo carácter científico se hace presente al considerar los aportes de campos disciplinares como el Campo de las Ciencias del Lenguaje y los Estudios Literarios (la Lingüística, Sociolingüística, la Psicolingüística, las Ciencias Cognitivas y la Teoría Literaria) y el de las Ciencias de la Educación (Política Educativa, Pedagogía, Psicología, Sociología e Historia de la Educación). Es a partir de estos saberes que se configura el interjuego entre aportes del campo científico que sustentan la didáctica de la Alfabetización Inicial, dando consistencia a la enseñanza explícita del sistema en todos sus niveles.


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