Por Carolina Guiguet*

Pocas cuestiones se han vuelto tan controvertidas como esta. Me pregunto, cómo es que se ha vuelto un tema tan delicado, cómo se llegó al punto en que para hablarlo se miden susceptibilidades, se tiene un cuidado amortiguado entre sedas para no estallarlo en pedazos.
Pareciera que a la norma que permite mantener la paz de los almuerzos dominicales, y “conservar las amistades” habría que sumar esta temática a la ya tan conocida terna: política, fútbol y religión.
Particularmente, con el tiempo, tanto en lo personal como en lo profesional, he aprendido a escuchar, a sentir y a mirar cada palabra, cada gesto y vibración cuando las personas construyen la realidad. Porque cierto es que no hay una realidad más real que otra. Cada mirada o perspectiva está impregnada de historia, de emociones y sobre todo de lealtades. Cada uno está parado en la porción de tierra en donde sus semillas echaron raíces, y esto construye “una verdad” a veces totalmente diferente de quien esta medio metro a la derecha o a la izquierda de su posición.
Por tanto vana, utópica y estúpida sería mi intención si con esta nota pretendiera llegar a un vestigio apenas de esta realidad, y más aún si esperara total consentimiento de quienes llegaran a leerla. De tal modo me entrego a mis temores de ser mal interpretada, de herir difidencias y más aún… de estar totalmente equivocada. Creo que este es el precio de animarse a crecer, de salir de la cueva y de llegar, al fin, al encuentro con los demás.
No puedo si quiera pensar en la MUJER, si primero no guardo al HOMBRE en un lugar predilecto de mi corazón. No puedo honrar a la mujer si no imagino la mirada orgullosa de un hombre asintiéndolo. Sólo así puedo hacerlo desde la paz y el amor, solamente así puedo hacerlo hoy.
Si hablo de la mujer… hablo de la mujer de antaño y de la mujer de hoy. Hablo de las que nunca conocí ni conoceré; y hablo de las mujeres de mi familia, de mi árbol, de mi sangre y de “mi aldea”.
No puedo pensar en ellas aisladas, ¿viniendo de dónde? Las cigüeñas y los repollos hace rato perdieron credibilidad. Ninguna llegó sin que antes exista el encuentro de dos almas, dos vidas, dos caminos, y por toda gran mujer que ha pasado por aquí, le debo un GRACIAS humilde a cada hombre que estuvo ahí.
Así que desde acá necesito abrir otra ventana para hablar de la mujer. No quiero quedarme con esto sin debatir, no quiero guardarlo para después, “más adelante quizás… algún día podrá ser…”. No. Vamos a hablarlo hoy.
Estamos, como seres humanos, felizmente ganando poco a poco terreno en la campiña del debate, de la expresión, de la inclusión e integración, y nada me enorgullece más que poder ser testigo coetánea de sus logros y de su fuerza. Y espero que así siga, así continúe, cruce mares y fronteras, hasta que algún día -espero no tantos años después- los chicos de 3er grado se pregunten en la escuela, casi entre risas incrédulas… ¿cómo pudo ser que esto realmente alguna vez se planteó? ¿Cómo es que fue necesario hacer ruido para que se escuchen cosas obvias?
Ahora. El punto es que por momentos me resulta paradójico que sea necesario hacerlo desde la lucha, el grito y del empuje, pero realmente pareciera que es la forma en que sabemos hacerlo. Quizás fue como resultó hasta ahora, y no lo rechazo, lo comprendo.

Solo me atrevo a proponer otra manera, otra forma de verlo. Se me ocurre que en realidad, podemos ser más fuertes desde la calma, desde la certeza y la convicción de quienes somos. Lo hablo en todos los aspectos y generalidades, pero hoy nuestro lema es LA MUJER.
Suele pasarme de encontrarme con mujeres en lucha, en un claro compromiso por hacer oír las voces y derechos de las mujeres -muchas veces de “las otras mujeres”, de “las que no pueden”, de “las que lo necesitan”-, y reniegan de toda conducta o actitud que consideran abusiva o que marca una diferencia a sus entenderes injusta. Y se enojan. Y pelean. Y levantan la bandera en plena batalla por los derechos de la mujer.
No dudo que esto genera movimiento, revuelo, ruido, y quizás a más de una… la necesidad de hacerse preguntas, de “despertar”.
Pero muy pocas veces me he encontrado con mujeres en esta lucha abierta, que supieron reconocer cuál es su propia lucha. ¿Qué parte de su historia le despertó esas emociones?, ¿qué la llamó a comprometerse en esta causa y no en otras?, ¿Cuándo y en dónde se sintió ella vulnerable como mujer y sintió que otras la necesitaban?, ¿Cuándo sintió el abuso o el maltrato en su propio ser?… por tanto ¿contra quién luchan en realidad?, ¿a quién le quieren demostrar la fuerza que tienen? ¿A quién específicamente están representando “el machismo” o “el patriarcado”, o a quien esconden tras estos conceptos? O por qué no, ¿a qué sombra no aceptada de sí misma proyectan ahí afuera?
Solemos esconder nuestros miedos, nuestros enojos, y nuestra necesidad de destrucción tras causas altruistas: Las peores guerras se levantaron en nombre de las más nobles causas. Esto tiene más años que la historia. Y no hablo de que esté bien o mal. Simplemente así fue, y así es.
El punto es que cuando somos capaces de reconocer a nuestro contrincante en nuestro interior, y no solo afuera, sino en nuestra propia historia, en nuestra sombra; y somos capaces de comprender lo que nos sucedió, de reconocerlo, de sanarlo y de reelaborar nuestra historia y nuestro sufrimiento; recién entonces podemos descansar. Recién entonces podemos recostarnos sobre la seguridad de las certezas. De quien sabe que las cosas simplemente son si verdaderamente las creo así, porque así lo siento, así lo muestro y así vivo.
Cuando a las dudas y a los miedos los resuelvo en mi interior, cuándo finalmente se quién soy con luces y sombras, y todo está claro para mí… ¿a quién tengo que convencer?
Cuando reconozco mi fuerza innata de mujer, y veo mi reflejo en las demás ¿Por qué las tendría que defender?
Esta es una invitación a todas las mujeres a tomar conciencia de la evolución del mundo, a aceptar ý respetar cada estadio de la historia como parte necesaria en la construcción de nuestro presente.
Una invitación a tomar lo que es nuestro, lo que nadie nos dio y nadie nos quita. A ser lo que simplemente somos.
Es una invitación a la reflexión de sabernos completas en sí mismas y parte de algo mayor. A sentirnos amantes y amadas.
Pero sobre todas las cosas es una invitación formal a la lucha. A nuestra lucha interna, hasta encontrar la serenidad de la reconciliación.
Ya no tengo que luchar para mostrarle a alguien cuanto valgo, cuánto valemos. Simplemente, ya lo sé… ¿lo sabés vos?

* Licenciada Carolina Guiguet, psicóloga.
Santa Fe, 8 de marzo de 2018.




















Empatia cero
…”Pero sobre todas las cosas es una invitación formal a la lucha. A nuestra lucha interna, hasta encontrar la serenidad de la reconciliación”… y cuando me reconcilie con ese momento de mi historia que me hizo sentir la más débil solo por no tener pene, entonces, tranquila, buscaré a las demás para decirles que no estoy enojada, molesta, ofendida por un hombre; estoy luchando desde donde puedo contra un SISTEMA, formado por hombres y mujeres que No pueden honrar a la mujer solo como un ser humano, sin necesitar imaginar la mirada orgullosa de un hombre asintiéndolo. ¿Entendés, Carolina?
Simplemente si sabés lo que valés, que no te importe si te pegan, o te violan, o cobras menos por ser mujer, acéptalo y respétalo como un estadio de la historia, resolve esa duda en tu interior, siempre imaginando un hombre asintiéndolo. Solo asi construimos desde el amor!
Como psicóloga también, me da un poquito de vergüenza leer esto, me parece que le falta historia, política, sociología entre otras cosas Me parece mas una linda poesía que algo escrito con objetividad y argumentos reales, pero tal como ella lo dice, la posibilidad de equivocarse estaba. Creo que todavía no entendió de que se trata.
Malisimo! Carencia total de argumentos históricos, políticos, y ni que hablar de lo psiocológico. Está bien el intento y animarse a escribir una opinión, pero hay que estudiar antes. Y si no quiere contribuir a la lucha por la liberación de la sociedad patriarcal, dé argumentos algo más razonables de por qué está en contra.
El discenso es muy bueno porque es una forma de construir…..
Pero Pichanga no me dice nada……me gustaría saber si sos hombre o mujer…