A los 77 años, murió el ex subtesorero del Banco Nación Santa Fe, Mario César Fendrich, tras sufrir un accidente cerebro vascular (ACV) mientras estaba de vacaciones en Cuba, junto a un amigo.

Fendrich tenía 77 años, y estaba internado en un sanatorio de la isla desde el fin de semana, cuando sufrió una descompensación. 

Sus hijos, alertados por la situación viajaron al país tropical para estar junto a su padre durante el padecimiento.

“El robo del siglo”

Fendrich es conocido desde el viernes 23 de setiembre de 1994. Era empleado del Banco Nación de Santa Fe. 

Aquella mañana desapareció de su hogar y de los lugares que solía frecuentar llevándose consigo 3.200.000 pesos de la entidad donde trabajaba.

El botín puede entenderse también como más de tres millones de dólares, si se tiene en cuenta que por aquel entonces regía la Ley de Convertibilidad, cuando un dólar valía un peso.

Ese viernes, Fendrich le contó a su esposa que después de trabajar se iba a ir a pescar con unos amigos, algo que hacía habitualmente. 
Esperó que llegara el camión de caudales, fue al tesoro y guardó en un cajón de madera el millonario botín que luego cargó en su Fiat Regatta.

Después, escribió una prolija nota: “Gallego, me llevé tres millones de pesos del tesoro y 187 mil dólares de la caja”. El “Gallego” era su jefe directo, Juan José Sagardía.

Su aventura duró 109 días. ¿Qué hizo durante el tiempo que estuvo prófugo? Aún es un misterio.

Se dijo que viajó a Paraguay, que paseó con su amante mucho más joven que él por las playas de Brasil, que se hizo una cirugía plástica, y que apostó parte del dinero en el casino.

El 9 de enero de 1995, un día después de la trágica muerte de Carlos Monzón, Fendrich se presentó ante la Justicia de Santa Fe. Su estrategia fue entregarse ese día porque pensó que el entierro de Monzón iba a opacarlo.

Ante la Justicia, el bancario ensayó una coartada inverosímil: dijo que lo habían secuestrado y que los delincuentes se habían llevado todo el dinero. Nadie le creyó. Los millones nunca aparecieron.

Una vez en libertad, Fendrich administró, junto con sus hijos, una fábrica de placas de yeso en Santa Fe y regresó a vivir a la casa que siempre habitó, lo hizo hasta que se jubiló. Nunca quiso decir dónde quedó el dinero que se llevó del Banco Nación.