Lo importante de los clubes no es sólo cuánto aprenden sus jugadores de inferiores a manejar la pelota. Si bien el semillero es importante, formar personas lo es más. Por eso, la experiencia que vivieron los chicos de la categoría 2004 de Colón les quedará marcada a fuego.

Los chicos, de 13 años, compartieron el campo de juego con Marcos Vera, un nene de su edad con síndrome de down que practica en Central Norte de Cayastá.

Marcos entró a los 20 minutos del segundo tiempo. “Cuando vieron la situación, todos asumieron que debía ser un momento único”, dicen desde el club. Inclusive hasta metió un gol: recibió la pelota en mitad de cancha, y todos sus rivales amagaron quitarle la pelota. Mateo pasaba y pasaba rivales. Cuando llegó al área de Colón no dudo, y motivado por el arquero, rivales, compañeros, DT, rival, y público apuntó y disparó. “Nos convirtió el gol más lindo que nos hicieron en todo la historia del club Colón”, decían en el club.

Luego Marcos se colocó la roja y negra y se fotografió con el plantel sabalero. De eso se trata la integración y es una de las funciones primordiales de los clubes. La experiencia, para todos los que estuvieron adentro de aquella cancha, fue inolvidable.