La pelota pasó tan lejos de la línea de meta, que nadie pudo creer lo que estaba viendo. En Reconquista, en un partido entre Chicago y Defensores de la Costa, un jugador del segundo equipo envió un centro que llegó a manos del arquero del conjunto que estaba en ventaja.

El portero controló sin problemas en dos tiempos en el área chica. Pero allí vio cómo la jueza, a instancias del árbitro asistente, convalidó el gol. Nadie daba crédito de lo que veía.

Chicago, que peleaba por la punta del torneo, se tuvo que conformar con un empate. A pesar de que la pelota pasó a un metro de la línea, le cobraron un gol fantasma y le arruinaron las chances de soñar por el campeonato.