El santotomesino Juan Pablo Cano y su compañero, Ian Schwer, desaparecieron el jueves 11 de julio mientras escalaban una pared de hielo en el nevado Caraz que forma parte de la Cordillera Blanca en la región norteña de Áncas, en Perú. Rápidamente comenzó el proceso de búsqueda de los jóvenes, con un grupo de avanzada de siete personas para dar con los desaparecidos.

Encontraron sus cuerpos algunos días después, según el reporte escrito del intenso operativo de rescate. Cinco integrantes del grupo subieron a la base del glaciar. A pesar de las dificultades para acceder al lugar donde estaban los cuerpos, lograron divisarlos para iniciar la recuperación.

El sábado 13 de julio, se reclutaron voluntarios para comenzar con el rescate de los cuerpos, con la premisa de no arriesgar a ninguno de los rescatistas y no provocar otro accidente. De esta manera, el domingo emprendieron el rescate desplegando una gran logística y preparativos con vehículos y material técnico, además de un gran número de personas.

Fueron tres horas de recorrido hasta el refugio de la Laguna Parón 4.155 msnm. Desde allí salieron dos frentes, uno para apoyar al grupo de avanzada, que estarían realizando maniobras para retirar los cuerpos hasta la base de la morrena, y su posterior traslado en camilla; mientras otros dos grupos irían por abajo, los cuales uno fue directo a vista al lugar y el otro grupo, desde el otro lado de la laguna visualizaría la mejor ruta para guiarlo a través de radio.

Ya con los cuerpos en la morrena, se realizó una pequeña ceremonia pidiendo permiso a la montaña, Pacha, para poder retirar los cuerpos dependiendo de las creencias de cada uno, dónde la naturaleza se encarga de hacerte sentir pequeño e insignificante ante la inmensidad.

Se calculaban 4 hs hasta los rapeles por las distancias pero el grupo de avanzada fue sumamente efectivo y llegaron en 2 hs. Lo demás fueron rapeles, que al llegar las camillas, ya estaban equipados, dónde la patrulla de rescate los bajó los primeros 100 mtrs. desde allí a mano con freno hasta el siguiente rapel. Se equipó el siguiente rapel, haciendo los relevos pertinentes de personal y de allí a la base del segundo rapel. Lo siguiente fue llevarlos caminando hasta el bote a la orilla de la laguna.

“La montaña saca lo mejor o peor de cada persona, en este caso, 40 personas, de Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos y España con un sólo objetivo, sin egos, sin categorías, sin prejuicio, trabajando en equipo, palabra tan nombrada pero no llevada a cabo, en el deporte, trabajo, hogares, la vida misma. Acá se dió, como quizá en otros momentos NO. Cada persona que decida hacer esta actividad, que se capacite, utilice los medios adecuados y no que hable por intentar decir algo, a veces el silencio es la mejor opción”, indica como conclusión el reporte publicado luego del operativo.