El huracán Harvey tocó tierra en Estados unidos, específicamente en la costa de Texas, como una tormenta de Categoría 4 con vientos de hasta 215 kilómetros por hora. De este modo se convirtió en el más poderoso que golpeó a la parte continental del país en más de una década.
El presidente Donald Trump se encuentra en Camp David, el retiro oficial de los mandatarios estadounidenses en las montañas de Maryland donde tiene previsto pasar el fin de semana. Por su parte el vicepresidente, Mike Pence, coordinará en Washington la respuesta al huracán, que podría convertirse en el más potente que alcanza la costa de Estados Unidos en los últimos 12 años.
Por la elevación a la categoría 3, el gobernador Greg Abbott declaró un “desastre preventivo” en 30 condados para acelerar el despliegue de ayudas, recursos y evacuaciones, y advirtió que los indocumentados no tendrán que mostrar identificación para acceder a los refugios.
La principal preocupación de las autoridades es la cantidad de lluvia y estiman “inundaciones catastróficas” en las ciudades de Corpus Christi, Puerto O’Connor, Riviera, Palacios, Matagorda y Freeport, todas en la costa. San Antonio y Houston seguirán el patrón de inundaciones tierra adentro.
Los temores de que Harvey quede de manera estacionaria durante muchas horas entre la costa de Texas y la ciudad de Houston eleva las predicciones de que será un evento devastador, con mareas mayores a un metro sobre el nivel normal.
Las autoridades emitieron una orden de evacuación obligatoria en siete distritos, mientras los científicos del Centro de Huracanes, con sede en Miami, alertaron sobre el “peligro extremo” que representa la marejada ciclónica, las intensas precipitaciones que arrastra y los vientos huracanados.





















