Por Gonzalo Defagó*

Frágil. Así se escucha la voz de Charly, acompañada por esa especie de “red de seguridad” que tejen los coros de Rosario Ortega e iluminada por la gracia digital de las computadoras y equipos de Joe Blaney en Nueva York.

Pero también se la escucha segura, otra vez transgresora y por sobre todo: viva.

Seis años después de Kill Gil —su último trabajo con canciones nuevas— aterrizó Random, un disco en el que García no se reinventa, pero sí se revisa a sí mismo y a su propia obra. Son diez canciones contundentes, cargadas de referencias y con el perfume de las mejores épocas de su autor. Desde este pequeño rincón en NexoDiario recomiendo tres:

La máquina de ser feliz

Fue el “acá estoy” de Charly, que se pudo escuchar oficialmente a principios de febrero a modo de adelanto, y es el track que abre Random.

La canción comienza con una receta de la casa: algo nuevo, algo viejo y algo raro. Voces en inglés, sintetizadores y un fragmento de la Nocturna Op.9 No.2 de Chopin (ustedes decidirán cuál es cuál).

Después se lo escucha a él: pedimos perdón / corriendo enmascarando el fin / por eso te busqué por eso diseñé / la máquina de ser feliz.

Así transcurren casi cuatro minutos hipnóticos hasta que, antes de la parte final, Charly desliza: la máquina de ser feliz, la tiene el Papa, la tengo yo.

Primavera

Con una introducción en clave de bluegrass, el cuarto tema del disco es de los que le dan ganas a uno de tener los pies en el pasto.

Quizás evocando los días de su rehabilitación en la casa de su amigo Palito Ortega, Primavera es una canción optimista y renegada a la vez, en la que Charly afirma que seremos hoy más jóvenes que ayer.

Lluvia

Es la canción que más me gusta del disco.

Una balada simple, emotiva y visceral que Rosario Ortega acompaña a la perfección, y que seguramente pegue a la primera escuchada.

Charly vuelve a introducir una voz femenina en sus canciones, quizás llenando ese vacío que dejó María Gabriela Epumer. Es que contar con una voz a su lado siempre le ha dado buenos resultados. Como ejemplo sólo basta recordar los tiempos de Sui Generis o de Serú Girán.

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En medio de los rumores y noticias sobre el estado de salud del músico aparece Random, construido durante estos últimos años de ausencia, y en el que se entrevén rastros de sus días en rehabilitación y de sus noches confinado mirando televisión.

Son (sólo) diez canciones, en las que Charly, mantiene intacta su poesía y su tan particular conexión con la realidad.

Retrospectiva, actualidad. Atemporalidad.

Bastará entonces con hacerse del disco, o simplemente mover un poco los dedos desde un teléfono con acceso a internet para darle marcha a la máquina de ser feliz y hacer a un lado las cosas que no importan tanto. Como las piernas flacas.

*Crítico de NexoDiario.