La semana pasada ocurrió un acontecimiento histórico para la aeronáutica santafesina. Es que, María José Gareli Fabrizi, de 25 años, se convirtió en la primera mujer en obtener el carnét de pilota comercial de avión en el aeroclub de Sauce Viejo.

Majo comenzó su carrera hace seis años y paso a paso alcanzó lo que soñaba. Es la única socia de 50 miembros varones y busca en cada oportunidad difundir esta profesión para sumar e invitar a mujeres y disidencias a la actividad.

“Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”, dijo a UNO para describir su amor por volar.

La nueva pilota contó además que no tiene parientes, ni tuvo conocidos vinculados a los aviones, tampoco referentes famosos. Pero sí el privilegio de pequeña de viajar, cada tanto, en uno junto a su familia en vacaciones.

“No me importaba ni el destino, ni qué íbamos a hacer cuando lleguemos, yo flasheaba mucho con llegar al aeropuerto y vivir toda la experiencia aeronáutica y me di cuenta que me golpeaba el pecho”, describe apasionada.

La licencia de piloto comercial requiere 200 horas de vuelo, más exámenes teóricos, aunque sin tiempo límite y lo que habilita en términos generales es que quien conduce puede lucrar con la actividad. Cada hora de vuelo, acá y en cualquier parte del mundo, tiene un valor de 100 dólares. Aunque en el país se manejan con pesos y a costo del dólar oficial.

La joven marca el lugar protagónico que tiene para ella su familia. Es la menor de cuatro hermanos, y la única mujer. Su padre trabaja en una empresa multinacional en el área de sistemas y su madre es una apasionada docente de matemáticas. Si bien desde los 16 años persigue el sueño de volar, al no conocer el ambiente aeronáutico asumió en un principio que tenía que mudarse a otra ciudad. Esos posibles altos costos y el desarraigo pusieron un freno en el arranque. Fue uno de sus hermanos, Matías, que a través de las redes sociales de un conocido, Nacho Cairol, descubrió el Aeroclub Santa Fe y celebraron juntos el primer vuelo de bautismo.

“Fue como que me había vuelto el alma al cuerpo porque de repente había una posibilidad de sostener mi estilo de vida ordenado, con la carrera que también me gustaba llevar, pero también hacer la aviación en simultáneo. Era la panacea, básicamente”, recuerda feliz. Y describe sobre su actividad como socia del Aeroclub Santa Fe: “En algún punto es como cualquier club. Tiene matrícula el ingreso y cuota societaria, entre otras cosas. Y tiene la particularidad de que al estar emplazado adentro de las instalaciones de un aeropuerto, no es que pasás caminando y podés ingresar. Hay que tener ciertos permisos y si no los tenés, tenés que entrar acompañado por una persona que los tenga. Se hacen autorizaciones especiales para entrar. Con Nacho hicimos eso, él me llevó y me hizo un vuelo de bautismo”.