
“Mientras yo viva, este café no se vende”, dijo un día Amelia Higa, la dueña del Café Tokio que aguanta estoico los avatares de la modernidad y las crisis económicas. Es que van 104 años de vida y ese lugar parece un remanso en medio de una ciudad que lucha con convertirse cada día en un lugar más caótico y frenético.
Desde 1938, el Café Tokio Norte, con sus billares y su mobiliario funciona frente a la Plaza España, en calle Rivadavia. Antes ya existía, pero en calle San Martín. El bar parece haber estado siempre en Santa Fe. “Mis padres, los fundadores de este café, vinieron de Japón”, contó una vez Amelia a la radio LT10. Y luego reveló: “Hoy, mantengo el bar gracias a mi clientela fija”.
Ya no van jugadores de billar como en otros tiempos y sus horarios un tanto particulares (su dueña cierra a las 19 horas) lo hacen un remanso visitado solo por conocedores.

“Aquí tengo mesas de billar, Snooker, Casin y carambola. Lamentablemente, a los jóvenes no les gusta el billar, ni el casin. Para mantener estas mesas tengo que llamar a gente de Rosario para que las vengan a arreglar. A esta altura, a la mayoría las tengo de adorno. Obviamente, no las quiero vender”, dijo Amelia a quien todo le parece un recuerdo de sus padres. Y a esta altura es un museo abierto en pleno Santa Fe.
El Café Tokio Norte está declarado patrimonio Cultural de la ciudad. Aunque su dueña se queja de que eso no implique ayudas económicas y que mantenerlo le sea cada vez más dificil. Sin embargo el bar subsiste estoico el paso del tiempo.


















