
Cuando Cecilia Burgadt dejó de responder los mensajes, sus hijas supieron que algo malo estaba sucediendo. Apenas habían pasado minutos de las 13 cuando la enfermera se retiró del hospital Cullen rumbo al mecánico.
Sus hijas, de 17 y 22 años, sabían que iba a encontrarse con su ex pareja, quien la acompañaría a hacer lo que tenía planeado. Hace tres años tenían una relación, aunque se había cortado por diversos hechos de violencia y amenazas. Cecilia pensó que no podía ser peligroso y accedió a ir con él.
Por eso sobre las 17, sus hijas se fueron hasta la sub comisaría de Rincón a pedir que les tomaran la denuncia. “Nos pedían que pasaran tres horas más para hacerla”, comenta completamente devastada una de las chicas, afuera de Tribunales.
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Pero como la Policía no avanzaba con la investigación, ellas mismas fueron a la casa del asesino. “Sospechábamos desde el principio que era él, porque mi mamá nos dijo que él la iba a llevar. Lo llamamos y nos negaba todo”. Gracias a que las chicas fueron y desde allí llamaron al 911, se logró su detención.
La relación entre Cecilia y su ex pareja era tortuosa, sin embargo, la mujer nunca había hecho la denuncia. Según su hija eso sucedió “porque ella vivía engañada”.
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“Ayer empezaba su licencia. Teníamos planeado, con el auto nuevo de ella, salir a pasear”, dice entre lágrimas la hija de la enfermera. “Espero que se haga justicia. Vamos a participar de todo lo que se pueda, vamos a estar. Es mucha la gente que la quería y por todos ellos se va a hacer Justicia”, sentenció.




















