Es necesario conocer qué hicimos para entender lo que nos pasa.

No significa esto que debemos vivir en un permanente estado de culpa pero, si es conveniente analizarlo para conducirnos en adelante.

Las sociedades no viven solas, tienen las mismas condiciones de convivencia que las personas que las integran. Ello explica que se ven influenciadas por decisiones que adoptan sus similares y deben adoptar las propias en el marco de sus necesidades y estas influencias.
Para analizar temas económicos, es habitual llegar a conclusiones que excluyen, al menos, una parte de la realidad. Esto es, porque en función de la creciente demanda de inmediatez para dar respuestas a cada tema impiden a quienes deben ejercerla cumplir con su tarea de estadistas Una frase de Winston Churchill, define claramente lo que es un hombre de Estado: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.
Pensar en las próximas generaciones implica contar con la información suficiente, capacidad para analizarla, y ser brillantes para comunicar, con el único fin de crear una asociación de voluntades mayoritaria que permita contar con objetivos concretos, tener seguridad del camino que transitamos y conocer cuál es nuestro destino pretendido. Todo ello, son cuestiones primordiales para planificar nuestras acciones individuales y como sociedad.
Dicho esto, debemos reflexionar si nuestras sociedades cumplen las condiciones para que quienes dirijan sus destinos tengan posibilidades de cumplir con su principal tarea que es la de estadista. Y no me refiero solo a actuales o anteriores dirigentes argentinos sino a varias sociedades del Mundo también.
Evidente es que hay muchas cuestiones que lo impiden. Entre las que se me ocurren, es que no cuentan con información adecuada, producto de modificaciones de las formas de mediciones estadísticas de manera que arrojen resultados que convengan en función de la inmediatez y necesidad de mostrar resultados. Otra, es la convicción de los integrantes de la sociedad de que el estado todo lo puede y es responsable por todo lo malo que les pase, lo que socava la institucionalidad y es consecuencia del desconocimiento y falta de información de lo que significa el sentido de pertenencia social con sus derechos y principalmente sus obligaciones. Otra, es la ausencia durante años, de un programa educativo actualizado y orientado a comunicar normas de convivencia social. Y, tal vez la principal, la falta de ejemplaridad en las conductas tanto políticas como individuales.
Sin información, educación adecuada, institucionalidad ni ejemplaridad no tendremos estadistas. Sin ellos, no existirá planificación. Sin ella, como conjunto e individualmente quedaremos sujetos al cortoplacismo y sin desarrollo que solo se da cuando de manera ordenada y persistentemente una sociedad logra acumulación de capital social y acumulación de capital productivo.

*El autor es contador público, empresario y ex diputado provincial.