
Que la jornada iba a estar cargada de congoja, tristeza y desconsuelo no había dudas. Lo que no se podía adivinar era cuál iba a ser el comportamiento de los vecinos, de la prensa y de las cientos de personas que llegaron a Progreso a darle el último adiós a Emiliano Sala.
La familia había hecho un pedido expreso que el club San Martín se ocupó de difundir a través de un comunicado: “No estará permitido el ingreso de los medios de comunicación al salón y se solicitará al resto de los asistentes que no utilicen los teléfonos celulares, ni tomen registros fotográficos ni audiovisuales”. Así fue, ni los periodistas intentaron vulnerar ese templo sagrado en el que se convirtió el polideportivo del club, ni ningún vecino indiscreto hizo filtrar alguna foto del lugar durante el velorio.

La familia del jugador santafesino, que murió en un accidente aéreo el 21 de enero cuando viajaba de Nantes a Cardiff, estuvo en una especie de reservado junto a Nicolás Pallois (capitán del equipo francés y mejor amigo de Emi) y otras personalidades que fueron a darle el último adiós.
El final de la jornada estuvo marcado por la emoción. Su hermano, su padre y amigos, junto a Pallois, Diego Rolan (compañero del Burdeos) y Neil Warnock (entrenador del Cardiff), llevaron el cajón con el cuerpo de Emiliano hasta el coche fúnebre bajo una lluvia de aplausos y lágrimas que, sin dudas, será inolvidable.



















