
Federico Molinari fue uno de los primeros argentinos en colgarse una medalla en estos Juegos Panamericanos. No sólo infló el pecho de orgullo de todos los santafesinos, sino que también dejó en lo más alto a la gimnasia argentina.
En 1999 había sido la última vez que un gimnasta de Argentino había ganado una medalla. Molinari a sus 35 años y en su quinto Panamericano se quedó con la presea de bronce en Lima. Pero su dedicación no sólo está enfocada en su deporte, sino también en la solidaridad con los otros.
Federico Molinari forma parte de Huella Weber. Se trata de un programa social de Weber Saint Gobain que nuclea a gran parte de los máximos embajadores del deporte nacional, como Pareto, Braian Toledo, Chiaraviglio, Dalghren, Bopp y Delfina Merino, entre otros.
“Es un orgullo y un honor pertenecer a un programa así. A mí no me sobra el dinero, entonces no podría ayudar como lo hago si no tuviera a Weber. Cada año colaboramos con un proyecto distinto”, expresa con felicidad.
“En el 2018, por caso, trabajamos para mejorar la infraestructura de un comedor en Manzanares y ahora estamos en José León Suárez con un centro de capacitación para jóvenes de bajos recursos que tienen su primera experiencia laboral. Así ellos puedan gozar de una mejor salida laboral. Estamos apuntando a reforzar y acondicionar mejor el lugar”, continuó contando.
“Hoy tengo otra conciencia social. Sé claramente lo que es no tener nada o directamente no tener oportunidades. El ayudar al prójimo se me ha hecho carne. Además, al haberme transformado en un referente deportivo siento que también debo respaldarlo con buenas acciones y dejando una huella que perdure en la sociedad. Hoy, cuando lo hago, lo siento como ganar otra medalla. Me llena el alma poder ir y generar un cambio real en el día a día de la gente”, finalizó Fede.






















