La lesión de Rodrigo Aliendro el viernes previo a la final empezó a mostrar que las cosas no iban a ser fáciles para Colón.

Pero, a pesar de eso, el ánimo no se resintió en el equipo que fue convencido de buscar la Copa Sudamericana a La Nueva Olla, frente a Independiente del Valle.

Sin embargo, un episodio crítico se viviría en la previa del encuentro: cuando Luis Miguel Rodríguez ingresaba al vestuario, pisó un pozo que estaba oculto en el césped sintético que había en un corredor y se dobló el tobillo, justo el que tenía lesionado.

Así lo contó Pablo Lavallén, el entrenador, luego del encuentro. El DT aseguró que ingresó al vestuario y lo vio al Pulga tirado en la camilla. El kinesiólogo ya lo estaba atendiendo.

“Yo le pregunté si lo quería jugar y él lo quería jugar igual. Se infiltró. Lo quería jugar a muerte. Pero bueno, son esas noches que ya arrancás mal”, sentenció Lavallén. El Pulga estuvo más apagado que de costumbre y, encima, le tocó errar el penal que hubiese significado el descuento cuando apenas había comenzado el segundo tiempo.