Un día de julio de 2007 a Oscar Ángel Flores -46 años entonces- le informaban que había perdido el sistema renal. “Con esta orden, hacés el estudio para ver si tenés que empezar la diálisis mañana o podés esperar al mes que viene”, le escuchó decir al médico. La semana anterior, Oscar había ido a ver a un clínico porque le faltaba el aire al respirar. El no lo sabía, pero esos eran los claros síntomas de una anemia crónica galopante: muy baja presión, escasos glóbulos rojos en sangre, y en consecuencia, falta de oxígeno. La enfermedad renal había avanzado sigilosa y escondida como todo mal que no se ve venir.

“Este es un dializador. Acá vas a estar vos un tiempo hasta que consigamos un donante”, le dijo otro médico. Por entonces debía conectarse tres veces por semana a esa máquina si quería permanecer con vida. Muchas veces tuvo miedo a morir. No sabía que para que el trasplante se concretara, faltaban 9 años más y un gesto de amor que le iba a cambiar la vida.

Oscar Ángel Flores, que se desempeña como director periodístico en Radio Universidad de San Luis, entró en el protocolo Sintra del INCUCAI donde se miden prioridades según edad, patología y urgencias para la lista de espera de un riñón.

Mientras hacía la diálisis una oyente comentaba asiduamente su programa de radio. A Oscar le gustaba mucho el pensamiento de esta mujer. Pasaron muchos programas y cientos de comentarios con ida y vuelta. Hasta que una tarde de febrero de 2010, la invitó a su casa a tomar unos mates.

Luego de aquel día surgió el amor, Susana ya conocía el problema de salud de Oscar. Unos años antes, había querido donarle un riñón a su amigo, pero esa vez la vida no le dio el tiempo necesario. Su amigo falleció..

“¿De qué me vale tener una vida saludable, si mi compañero no la está pasando bien? ¿Qué clase de amor es ese?”, le dijo Susana a Oscar y luego le propuso con firmeza: “Yo te dono mi riñón. Sé que mi riñón izquierdo va a ser para vos”. Susana estaba segura de que habría compatibilidad absoluta, el es A positivo y ella, donadora universal (0+). Luego, los estudios confirmaron que Susana tenía razón.

“Nunca tuve dudas. Fuimos compatibles desde el momento en que nos conocimos. Nosotros somos compatibles en la vida. En la mirada, en el pensamiento, en los gustos y en todo lo demás” dice Oscar.

El pasado viernes llegó el momento de la ablación y del trasplante. Entraron cada uno a su quirófano designado. Susana salió dos horas antes y esperó a que terminara la intervención de Oscar.

“Con el trasplante experimenté la misma felicidad que experimenté el día en que nació mi hijo”, cuenta Susana. “Te juro que esos días previos a la cirugía, no me cabía en mi alma. Estaba desbordada de felicidad”, contaba ayer desde el hospital; a escasos momentos de que le den el alta a Oscar. “No quiero guardarme esto. Quiero compartirlo con todos y con mis afectos. Es simplemente demasiado amor para guardármelo”, dice Susana con voz tranquila sin disimular la emoción.

“El verdadero amor para mí, es hacer todo para que la persona que amás esté bien”, dice Susana. “Los que amamos la vida, tenemos que tener la generosidad para ayudar a todo aquel que quiera vivir. Porque amor es sentir la carencia cuando otro necesita un órgano, ahí recién la gente va a entender lo imprescindible que es donar”. Oscar fue trasplantado el 9 de febrero en Córdoba. Hoy, 5 días después, puede festejar San Valentín y el comienzo de una nueva vida.

Fuente: Clarín