Por Germán Beauge * (Especial para NexoDiario)

El 12 de diciembre de 2015 ciento noventa y cinco Estados Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático aprobaron el Acuerdo de París, con la intención de frenar el aumento de la temperatura media mundial. Al hacerlo, la comunidad internacional se comprometió a luchar de forma colectiva y cooperativa ante este fenómeno provocado por el hombre.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, empezó a tomarse conciencia de que el dióxido de carbono que se acumulaba en la atmósfera terrestre podía crear un “efecto invernadero” que aumentaría la temperatura del planeta. A mediados del siglo XX, comenzó a ser evidente que la actividad humana había incrementado de manera significativa la producción de gases de efecto invernadero y el proceso de calentamiento global estaba ya acelerándose. En la actualidad, casi la totalidad de los científicos están de acuerdo en que debemos frenar este proceso ahora o, de lo contrario, enfrentarnos a una avalancha devastadora de desastres naturales que alterará la vida en la tierra.

Muchas de las pruebas del calentamiento global ya parecen evidentes: la mayor parte de los años más calurosos que se han registrado han tenido lugar durante las últimas dos décadas, según indica Naciones Unidas. En Europa, la ola de calor del verano de 2003 causó más de 30.000 muertes. En la India, las temperaturas alcanzaron los 48,1 grados centígrados. Dos años más tarde, la ferocidad del huracán Katrina en los Estados Unidos se atribuyó en gran medida a las elevadas temperaturas de las aguas en el Golfo de México.

Asimismo, gracias al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sabemos que entre 1880 y 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados centígrados, provocando que los niveles de los mares suban y que la cantidad de hielo y nieve disminuyan.

Los efectos del cambio climático sobre el planeta son gravísimos por lo que actuar en forma inmediata es no solo necesario sino también urgente. En una conferencia con casi 200 Estados participando lograr un compromiso útil, beneficioso y fructífero sería casi imposible. Sin embargo, los participantes allí reunidos lograron firmar un acuerdo que apunta en la dirección correcta: la COP21 fue un hito histórico jamás antes alcanzado.

Pero con la llegada al poder en Estados Unidos de Donald Trump las cosas parecen haber cambiado. El nuevo jefe del Salón Oval ha manifestado públicamente que el cambio climático es una mentira y es parte de una estrategia china para frenar a la economía norteamericana.

De este modo, Trump asoma como un “negacionista” del cambio climático y parece tener un conocimiento primitivo de los problemas ambientales. Su visión del medio ambiente está ligada al concepto de los recursos ilimitados del planeta y a que la Tierra puede recuperarse de los daños que han sido causados por el ser humano. En tal sentido, las políticas de Trump no contemplan el concepto del desarrollo sustentable y menos la situación irreversible y alarmante en la que se encuentra el patrimonio ambiental del planeta.

En este contexto, dos cuestiones emergen con claridad. La primera es que seguramente vamos a asistir a una expansión de la industria estadounidense con alta intensidad de carbono. Esto es, veremos una política de regreso al uso intensivo del petróleo y de los combustibles fósiles. La segunda cuestión tiene que ver con un nombre polémico en su gabinete. Y es el nombramiento del director de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por su sigla en inglés), Scott Pruitt. El nuevo director es un fuerte impulsor del abandono de las regulaciones ambientales y un abierto defensor de la industria de los combustibles fósiles.

Para Pruitt muchas de las normas que adoptó la administración Obama, y que están en línea con los compromisos de la comunidad internacional para reducir las emisiones de gases contaminantes, son “ilegales y excesivas”. Por tal motivo ha denunciado a la agencia que ahora comandará en más de una decena de veces.

En definitiva, el cambio climático es algo que ya estamos viviendo y que repercute y afecta de forma negativa al planeta entero. Es de esperar que la visión de Donald Trump sobre el cambio climático cambie. La salud del planeta, tal y como lo conocemos, y de su población, no pueden seguir esperando.

*El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.