
A principios de los noventa, el nombre de Karla Homolka sacudió a todo Canadá y recorrió el mundo entero. La justicia canadiense la había declarado cómplice de su esposo Paul Bernardo en los terribles asesinatos de tres adolescentes realizados entre 1990 y 1992.
Después de declarar en contra de su marido, fue condenada a 12 años de prisión por los delitos de complicidad en el secuestro, violación y asesinato de los tres adolescentes, entre los que se encontraba su propia hermana. El horror se intensificó aún más cuando descubrieron que la pareja había grabado sus atrocidades. Bernardo recibió la pena máxima de cadena perpetua y termino su relación amorosa con Karla.
Para el año 2005, Homolka fue liberada y contrajo matrimonio con el hermano de uno de sus abogados, tuvieron tres hijos y vivieron durante un tiempo largo en Centroamérica para luego regresar a Canadá.

Actualmente, tiene 47 años y vuelve a ser noticia porque comenzó a desempeñar tareas como asistente voluntaria en la escuela primaria Greaves Academy, en el tranquilo barrio de Notre Dame de Grace en Montreal, donde asisten sus tres hijos.
¿Cómo te sentirías al saber que tu hijo está interactuando con una asesina en serie? Es lo que se preguntan los padres cuyos hijos concurren al establecimiento, quienes junto con los vecinos y toda la comunidad educativa de la zona manifestaron su preocupación y desconcierto al enterarse de la colaboración de Karla en la escuela.
Según las normas del Ministerio de Educación de la provincia de Quebec habría sido necesario verificar los antecedentes criminales de cualquier colaborador por más que sea voluntario, por ello, las autoridades de la escuela han declarado que Homolka no es una voluntaria frecuente y en ningún momento estuvo a solas con los niños.

El caso ha agitado la opinión pública en Canadá, donde existen quienes consideran que Karla ya pagó sus deudas con la sociedad y quienes creen que la condena social para estos casos debería ser por siempre. Definitivamente, el tiempo no pudo borrar su prontuario y seguirá siendo cuanto menos cuestionada en cualquier labor pública que realice, más aún si hay niños o adolescentes de por medio.



















