
Tuvo su pasado como jugador de fútbol: camorrero, peleador, rústico. Pero no fue el trabajo que más le redituaba económicamente a Jorge Sampaoli, el flamante DT de la Selección Argentina. Entró a los 18 años al Banco de Santa Fe y se fue pasados los 40.
En el medio no dejó el fútbol: fue campeón como jugador y como entrenador de la Liga Casildense y dirigió un año a Argentino de Rosario en la B.
Pero el hombre que sería un exitoso DT en Chile y en España tuvo trabajos aún más raros: en el 2001 reemplazó al juez de Paz de Los Molinos, un pueblo de 3 mil habitantes, al lado de Casilda, al que iba y volvía a dedo.
La prioridad en su vida siempre fue el fútbol, pero tuvo diferentes trabajos mientras desarrollaba su pasión.
A pesar de su rusticidad con la pelota, Jorge Sampaoli se ganó de parte de sus compañeros un apodo que pocos podrían llevar con hidalguía: “Diego Maradona”, le decían. No por su habilidad, sino porque “era imposible que vaya al banco”.
Claro, en más de 20 años de trabajo allí, era más fácil encontrarlo en el bar hablando de fútbol que en su puesto de cajero.























