En plena crisis económica, y post Juegos Olímpicos, la ciudad de Río de Janeiro se volvió a vestir de fiesta para celebrar sus tradicionales Carnavales. Con un buen maro de público pese a la situación financiera que aqueja a la ciudad, la fiesta más grande se vio empañada por una serie de accidentes.

El primero ocurrió cuando una carroza perdió el control y atropelló a seis personas que se ubicaban en las gradas, provocándole a dos de ellas heridas de gravedad, al punto de tener que ser operadas.

Cerca del cierre de los Carnavales, la estructura de la carroza de la escuela de samba Unidos de Tijuca se desplomó provocando heridas a más de 12 bailarines. Seis de ellos se encuentran internados en cuidados intensivos.