Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos “El Chacal”, volvió hoy a una corte francesa acusado de un ataque con una granada contra una tienda de París en el que murieron dos personas hace más de 40 años.

El venezolano ha estado detenido en Francia por 23 años desde que fuerzas especiales galas lo capturaron en Jartum, Sudán, y fue condenado previamente a cadena perpetua por mortales ataques llevados a cabo en las décadas de 1970 y 1980.

En su juicio de inicio más reciente, que comenzó este lunes en París y se extendería hasta fines de mes, el venezolano enfrenta cargos que incluyen asesinato, por el ataque del 15 de septiembre de 1974 contra una tienda en el centro de la capital francesa, que también dejó 34 heridos.  Ramírez, que niega haber participado en el atentado, dijo que el proceso en su contra es “una burda manipulación”.

“El Chacal” nació en Venezuela en 1949. Hijo de un acaudalado abogado militante del Partido Comunista, Carlos y su hermano Vladimir fueron bautizados en honor en Lenin. Luego de empezar a militar en las juventudes comunistas venezolanas, se traslada a Moscú y se enrola en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba.

Por su afición a las fiestas plagadas de mujeres y alcohol, Ramírez Sánchez fue expulsado de la universidad, pero fue rápidamente reclutado al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), la organización para la cual terminaría luchando en Medio Oriente, África y Europa.

Luego de un triple asesinato que cometió en Francia en junio de 1975 (por el que actualmente cumple cadena perpetua), Ramírez Sánchez se escapó del país y reapareció en diciembre de ese mismo año en Yemen del Sur, donde encabezó la operación que lo convertiría en uno de los hombres más buscado del planeta. El venezolano lideró un comando de asalto contra la sede oficial de la Organización Exportadores de Países Petroleros (OPEP), donde tomaron 42 rehenes, entre los cuales se encontraban ministros de Energía de todos los países miembros.

La carrera de Carlos llegó a su fin en la madrugada del 15 de agosto de 1994, cuando fue secuestrado en Jartun, la capital de la República de Sudán, por su propia escolta armada. Fueron ellos quienes entregaron al terrorista a las autoridades francesas, quienes se encargaron de sacarlo de Sudán de incógnito y llevarlo a Francia, donde sería sometido a juicio.

Procesado por cargos de “asesinato e intento de asesinato, daño de propiedad y transporte de material de guerra, en relación a una empresa terrorista”, se enfrenta a una nueva condena a cadena perpetua.