Por Germán Beauge*

Corea del Norte celebró ayer martes su sesión anual parlamentaria en medio de una atmósfera de creciente tensión regional, después de que el gobierno asegurara que está preparado para responder a un “ataque preventivo” de Estados Unidos y condenara el envío del portaaviones USS Carl Vinson a la zona.
La actual situación de nerviosismo y tensión en la península coreana terminó por copar la atención, sobre todo después de que Pyongyang dijera que está listo “para reaccionar ante cualquier forma de guerra” que le plantee Washington.
En su cuenta de Twitter, el presidente estadounidense Donald Trump subió aún más el tono de la tensión al afirmar que Pyongyang “está buscando problemas” y advirtió: “Si China decide ayudarnos, sería genial. Pero si no, ¡resolveremos el problema sin ellos!”.
El despliegue del USS Carl Vinson en la península coreana sigue al lanzamiento de un misil de medio alcance que el régimen comunista llevó a cabo el 5 de abril y se produce justo después de que fuerzas estadounidenses destruyeran con misiles de crucero una base del gobierno sirio como castigo por su supuesto ataque con armas químicas la semana pasada.
Esta situación, a la que se suma la insistencia norcoreana por desarrollar misiles nucleares capaces de alcanzar territorio estadounidense como vía para garantizar su supervivencia, hacen presumir que Corea del Norte podría llevar a cabo muy pronto una nueva prueba atómica o de proyectiles balísticos.
El periódico oficial del régimen dictatorial comunista Rodong Sinmun se sumó a la retórica bélica y advirtió que el país está preparado para responder a cualquier agresión. “Nuestro ejército revolucionario está siguiendo atentamente cada movimiento de los enemigos con nuestra mira nuclear enfocada en las bases invasivas de Estados Unidos, no sólo en Corea del Sur y las operaciones en el Pacífico sino también en el territorio de Estados Unidos”, dijo el periódico.
En lugar de servir para atemorizar a Corea del Norte y que abandone sus ensayos nucleares y de misiles, las advertencias de EE.UU. y ataques como el de la base aérea siria refuerzan su programa militar. En la lógica interna de este anacrónico régimen estalinista, último vestigio de la Guerra Fría, lo único que garantiza su supervivencia es contar con bombas atómicas que disuadan a Washington de derribarlo.
*El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.


















