La selección argentina calienta motores para una nueva doble jornada por las Eliminatorias Sudamericanas. El plantel a cargo de Lionel Scaloni ha sumado una larga lista de bajas entre lesionados y suspendidos para los cruces de este jueves contra Venezuela en Maturín y el próximo martes frente a Bolivia en el Estadio Monumental, que han alterado la dinámica habitual del equipo, y las malas noticias continúan porque se confirmó un nuevo ausente para ambos partidos.

Uno que hasta se engulló a la mayor novedad de esta ventana FIFA: la vuelta de Lionel Messi, 88 días después de la lesión en el tobillo derecho que lo dejó afuera en plena final de la Copa América.

Que al héroe predestinado le haya tocado volver en este doble desafío sudamericano quizás sea una señal divina. Aunque la Selección dio muestras de estar madura para sobrellevar una ausencia del capitán, la presencia de Messi tiene un peso propio mayor al que habría tenido si su regreso se hubiera dado en otro contexto.

Porque el equipo deberá levantarse del 1-2 frente a Colombia. Golpe que sufrió hace exactamente un mes y que será formativo hacia adelante si se lo asimila correctamente. Tener a un Leo resiliente resultará fundamental para ello.

Porque la Scaloneta saldrá a jugar en la húmeda, calurosa Maturín, donde la térmica rondará los 34°. Una atmósfera agobiante que pesará mucho más por el desgaste físico -y también psicológico- que el plantel sufrió en la víspera: como Venezuela no permite el ingreso de vuelos de bandera argentina ni estadounidense a su espacio aéreo, debió reunir al grupo en Miami para acortar distancias vía aérea, con una escala intermedia en Barranquilla.

Y aunque el cronograma no sufrió grandes alteraciones, la cercanía del peligroso huracán Milton cargó de tensiones al traslado: el chárter de la Selección bordeó el límite oriental de la destructiva espiral de la tormenta categoría 5.

Un avión que llevó a la delegación que pudo embarcar, aunque no la que idealmente hubiera preferido Scaloni. No porque el deté no considere en su proyección a Facundo Buonanotte o a Julio Soler, convocados de emergencia, sino por el hecho de haber perdido en el sprint final a un titular (Nico González) y a valiosos relevos: Paulo Dybala, Marcos Acuña, Alejandro Garnacho y Valentín Carboni. Cinco bajas por lesión que se sumaron a dos previstas: las de Cristian Romero -suspendido, reaparecerá el martes en Núñez- y Emiliano Martínez, baja por dos fechas por la sanción de FIFA.

Dentro de esa coyuntura, Argentina deberá salir a enfrentar a un adversario maduro. Que en el proceso clasificatorio logró empatarle a Brasil de visitante y a Uruguay de local. Que tiene en Batista a un deté que inculcó una idea que lo llevó a animar la última Copa América -quedó eliminado por penales ante Canadá en cuartos de final.

Que jugando en la capital del estado de Monagas no perdió ni recibió goles en estas Eliminatorias (1-0 con Paraguay, 3-0 contra Chile, 0-0 versus Ecuador y Uruguay). Una Venezuela que sueña con su primer ticket a un Mundial y que aspira a certificar lo logrado frente a la campeona del mundo.

Ese partido jugará la Selección. Un partido “difícil”. Que tuvo demasiados inconvenientes satelitales. Pero que de sacarlo adelante hará todavía más robusto el espíritu de un grupo que se sobrepuso a golpes más duros. Con Messi quizás sea un poco más fácil.