Hace medio siglo, el 9 de mayo de 1967, un argentino en una clínica de Cleveland, EE.UU., revolucionó la cirugía cardiovascular y se convirtió en un referente global cuya técnica, conocida como bypass, salvó la vida de millones de personas en todo el mundo.

Hoy se cumplen 50 años desde que el doctor René Favaloro comenzó a hacer historia en la medicina del corazón, y su legado sigue intacto a través de la Fundación que sigue formando nuevas generaciones de profesionales y donde ya se hicieron más de 13 mil cirugías cardiovasculares de las cuales el 30 por ciento fueron bypass.
Oscar Mendiz, Director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, que comenzó a trabajar desde el primer día que abrió la Fundación y conoció de cerca la forma de pensar, actuar y transmitir de Favaloro contó a La Nación como fue aquel aquel día y habló entre emociones del maestro del Bypass.
“La primera cirugía fue un poco accidental. Ese paciente tenía una patología severa en el corazón y había visto el programa de Mirtha Legrand , donde estaba como invitado René Favaloro”, relató el doctor y siguió: “El hombre sentía dolores de pecho, no tenía obra social y recordó que Favaloro había dicho que iban a operar y se vino. Llega a la guardia donde siente dolor en el pecho y René decide operarlo ahí mismo. No estaba planificado, pero dijo que no importaba y que había que empezar ese día”.
“Esto demostró dos cosas: la primera, su compromiso social de ayudar. La segunda, el por qué de los problemas económicos que después tendría el instituto ya que, desde la primer cirugía, nadie pagó”, dijo Mendiz.
“La Fundación no tiene fines de lucro, ni accionistas, ni nadie se divide ganancias. Pero los profesionales, los insumos y materiales, hay que pagarlos. En un principio hubo un subsidio, después se cortó. Pero ese caso es el reflejo de las dos caras de la Fundación: primero hacemos lo que hay que hacer, después vemos como se soluciona lo del pago. Esa filosofía fue la que después chocó contra la realidad y fue una de las causales de nuestros problemas”, explicó.
Sin embargo, reconoció: “Hoy se sigue resolviendo de la misma manera: si un paciente está dentro de la institución y surge algún problema extra, se soluciona. Lo que no pudimos seguir haciendo es importar esos problemas de la calle”.
Mendiz vio nacer la Fundación y puede recordar cada paso y los momentos más duros: “Yo trabajo acá desde esa primera cirugía. No participé del equipo porque era muy joven – tenía 29 años-. Yo trabajaba en la unidad coronaria y me tocó hacer la historia clínica de ese primer paciente y cuidarlo la primera noche. Éramos cuatro cuidando un paciente porque no estaba pensado que comenzáramos esa semana. Había terminado mi residencia e ingresaba al staff de la unidad coronaria. Yo vengo también de una familia muy humilde, como Favaloro”.
“Para mí era estar en un lugar donde muchas personas querían estar y era un desafío para los que éramos jóvenes y nuevos. Nosotros veíamos en Favaloro un líder, en la medicina y en lo social. Te sentías orgulloso de estar en un evento y que la gente hablara de él o escucharlo”, recordó con los ojos brillosos Mendiz.

De sus años junto a Favaloro contó: “Siempre me llamó la atención cuando él recorría los pasillos o íbamos a ver a un paciente y la gente quería tocarlo y besarle las manos. Era muy fuerte desde lo emotivo. Teníamos un profundo respeto y una profunda admiración. No nos animábamos a decirle que quería sacarnos una foto con él. El día que nos la sacamos nos dijo «¿Qué se creen que me voy a morir mañana?»”
De la época de crisis económica de la institución recordó: “Rescato de él que cuando vino la época más dura de los problemas económicos y estuve a punto de irme de la Fundación, él me pidió personalmente que me quedara; lo mismo le pidió a otro compañero. Dijo que éramos las personas jóvenes que la institución necesitaba, que iba a hacer todo lo posible para que nos pudiera contener y que entendía lo de nuestros problemas económicos. Eso me marcó mucho, cuando lo recuerdo me emociona. Era algo difícil para mí, pero seguí por él”.
“Era un gran impulsor que creía que cualquier cosa podía ser superada “
Del trabajo cotidiano con Favaloro, Mendiz dijo: “Él era una persona que escuchaba las críticas. Además, era abierto de cabeza para la medicina. Era un gran impulsor que creía que cualquier cosa podía ser superada o mejorada”.
“La muerte de Favaloro trajo grandes cambios en la administración de la Fundación para que sea viable y sustentable. El cambio con la partida del doctor fue mucho más grande hacia adentro que hacia fuera”, reflexionó Mendiz, y detalló: “Hoy estamos bien, somos autosustentables. Estamos pagando todas las deudas y cumplimos con todas las regulaciones”.
Al ser consultado sobre qué es lo que más extraña de Favaloro, dijo: “Él es el padre de esto y, es como en una casa, uno extraña al padre cuando no está. Más allá del funcionamiento que puede seguir teniendo esa casa, que uno se arregla, pero la presencia del padre, creador y líder de la Fundación, es algo que no se puede reemplazar. Siempre estará esa ausencia”.


















