A pocos días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, el domingo 23 de abril, la distancia que separa a los cuatro candidatos principales se estrecha, obligándolos a realizar un último esfuerzo para seducir a un número récord de indecisos.

Según un sondeo publicado por el diario Ouest-France, el candidato liberal Emmanuel Macron (En Marcha) se mantiene como el favorito con una intención de voto del 23%, seguido de cerca por la nacionalista Marine Le Pen (Frente Nacional) con 22% y apenas separados de Francois Fillon (Los Republicanos) y Jean-Luc Mélenchon (La Francia Insumisa), quienes aparecen empatados con un apoyo del 20%.

Pero el dato que no se puede omitir y que deja sin dormir a los jefes de campaña es el inédito nivel de indecisos: uno de cada tres electores no sabe aún a quién votar. Otros, además, indicaron a las encuestadoras que su decisión “podía cambiar” en los próximos días”.

Para los analistas, el modo de votación incita a los electores a emitir un voto útil y elegir “al menos malo de los candidatos que tienen una posibilidad”, según el investigador Michel Balinski, del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS).

Con las encuestas al rojo vivo, el presidente Francois Hollande decidió salir a advertir a los franceses sobre “los peligros de los extremos”. Primero apuntó contra su ex aliado socialista, Mélenchon, quien recientemente condenó la decisión del gobierno francés de apoyar el ataque de Estados Unidos contra Siria en represalia a un ataque químico. “Él no representa a la izquierda, la que yo considero que permite gobernar. No se puede decir que no hay responsables en las masacres químicas en Siria. No podemos pensar que Vladimir Putin puede hacer lo que quiera. No podemos salir de la OTAN sin que haya consecuencias, no podemos cuestionar lo que ha sido la gran construcción europea”, sentenció el mandatario saliente en una entrevista con la cadena de noticias France 5.

En la misma entrevista, atacó a Le Pen. “Jean-Marie Le Pen es el padre de Marine, y yo me opuse a él cuando llegó a la segunda vuelta presidencial en 2002 y lo dije porque era un candidato que cuestionaba los valores de la República. Eso no cambio en esa familia y yo continuaré rechazándolo y diciéndolo”, dijo el mandatario, quien ya adelantó que sólo apoyará a un candidato de cara al balotaje del 7 de mayo próximo. 

En este contexto de plena incertidumbre y de una campaña electoral al rojo vivo, la sorpresa está a la vuelta de la esquina. Cualquiera de los cuatro podría clasificarse para la segunda vuelta. La última conmoción en una noche electoral ocurrió el 21 de abril 2002, cuando Jean-Marie Le Pen, el padre de Marine, se coló en la segunda vuelta al eliminar al socialista Lionel Jospin. Hoy la sorpresa no sería la clasificación de Marine Le Pen sino otro escenario. El triunfo de Mélenchon y Le Pen supondría para el sistema un terremoto mayor que el de 2002.