Por Germán Beauge*

La tensión no para de crecer en Venezuela. Tal y como anunció ayer viernes el dos veces candidato a la presidencia de Venezuela, Henrique Capriles, las autoridades venezolanas han confirmado que el líder opositor ha sido inhabilitado por 15 años para ejercer cargos públicos. Según este fallo de la Contraloría General de la República, Capriles no podrá presentarse a las elecciones presidenciales en 2018. Tanto él como López, preso y también inhabilitado, son los dos principales líderes de la oposición.

El régimen de Nicolás Maduro parece avanzar en el diseño de una oposición a su medida. Obligado por la condena internacional que supuso el autogolpe promovido por el Tribunal Supremo de Justicia mediante dos polémicas sentencias, y el patético estado de la economía, el régimen luce obligado a no seguir posponiendo la fecha de las elecciones de gobernadores, que debieron celebrarse en diciembre de 2016, y de no retrasar los comicios presidenciales de diciembre de 2018.

El Consejo Nacional Electoral, que responde a los intereses del régimen de Caracas, ha justificado la postergación con el argumento de que los partidos de la oposición están renovando su nómina de militantes. Sólo cuando este proceso culmine, en el mes de junio, se celebrarían los comicios para renovar a las autoridades de los 23 estados.

Tomás Guanipa, secretario general de Primero Justicia, el partido de Capriles, ha afirmado que su inhabilitación es la prueba de que en Venezuela rige una dictadura. La medida parece haberle dado a la base opositora nuevas razones para movilizarse el sábado en Caracas.