
En Uruguay, el lugar de origen de Julio Avelino Comesaña, consideran que el flamante entrenador de Colón es un profesional obsesionado por el buen juego, eso les gusta. Pero como reza el dicho de que “nadie es profeta en su tierra”, tienen una deuda con el hombre: se tuvo que ir del país, amenazado por la barra brava y desprotegido por su club. Se volvió a Colombia, desde donde llega al Sabalero.
Según cuenta el periodista Nelson Fernández en La Nación, 2016 fue la última vez que Comesaña dirigió en su país. Estaba al frente del Racing de Sayago, un club de mitad de tabla que se caracteriza por el buen juego, en contra del pelotazo tan típico de los charrúas. Pero más allá del buen funcionamiento, los resultados no llegaban en el equipo de camiseta a bandas blancas y verdes. Llevaba tres partidos y un solo punto cosechado cuando empezaría a suceder su debacle: “Vino un socio del club antes de la cena a la concentración y se presentó diciéndome que el partido con Fénix era muy importante para la hinchada, que la barra iba a estar”, dijo el veterano entrenador, al explicar los motivos de su renuncia en aquel momento.
Según el relato de Avelino, la charla con el hincha era normal, hasta que le exigió que pusiera a un jugador. “El equipo lo hago yo”, se retobó Comesaña.
Desde ese momento empezó a sentirse incómodo. “Recordó que en el último partido habían salido a la cancha totalmente desprotegidos de seguridad y policía por un lugar donde cualquiera pudo haber hecho cualquier daño”, recuerda el periodista Nelson Fernández. Así que cuando llegó a su cancha para iniciar el partido contra Fénix, se hizo una pregunta: “¿dónde estoy metido?”.
“Estoy regalado, si pasa algo estoy liquidado; después de haber vivido tantas cosas como las que viví en Colombia, ¿voy a venir a mi país, a Uruguay, a pasar por estas situaciones? Entonces empecé a pensar en una decisión que fuera útil para mi integridad también”, dijo al dar los argumentos de su renuncia. Fue su último partido en su país. Volvió a Colombia para dirigir al Junior de Barranquilla, donde fue campeón. Y a punto de cumplir sus 71 años llega a Argentina para cumplir otro de sus sueños.





















