
Pablo Iglesias le ganó el duelo a Íñigo Errejón. El líder de Podemos se impuso ayer domingo holgadamente a su número dos y tendrá todo el control del partido, gracias a una mayoría absoluta en la dirección y a que conserva sus amplios poderes como secretario general.
Iglesias fue refrendado en el liderazgo del partido por un 89% de los votos, y sus tesis políticas y su modelo de partido vencieron a las de Errejón, que logra un tercio de los votos y casi el 40% de representantes en la dirección. Ganó, entonces, el Podemos más radical y más a la izquierda.
El líder arrasa así en la secretaría general —donde no tenía rival enfrente de peso—, pero también logra el control mayoritario de la dirección y vence en los cuatro documentos que se votaban: político, organizativo, ético y de igualdad. El resultado lo legitima para imponer su rumbo político. Según el diario ABC de España, se abre paso un Podemos más radical, que pone en el centro la protesta en la calle.
El Podemos que se impone, es entonces, el más izquierdista y duro de Iglesias, frente al posibilista y más moderado de Errejón. Aunque su desencuentro era sobre la estrategia a seguir, no ideológico o de políticas concretas, el Podemos dirigido por Iglesias mantendrá el rumbo de los últimos meses, que pasa por una oposición beligerante contra la “gran coalición” entre Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos.
La victoria de Pablo Iglesias en el congreso de Podemos confirma que el partido continuará el camino ideológico y estratégico seguido hasta la fecha, esto es, la idea de rechazar la participación en la vida institucional y parlamentaria que venimos viendo hasta la fecha.
En definitiva, triunfa pues el Podemos más radical y contestatario que se concibe a sí mismo como un movimiento populista que apoyándose en la fuerza de la movilización social y de la calle aspira a impugnar el orden establecido. Y sale derrotado el Podemos que muchos votantes contemplaron como una nueva formación que aspiraba a captar a los votantes de otros partidos, fundamentalmente socialistas, pero también abstencionistas que debido al auge de la desigualdad y los escándalos de corrupción habían dejado de sentirse adecuadamente representados por las fuerzas políticas existentes.



















