
La “masacre de Hurlingham” conmovió a la opinión pública. Diego Loscalzo disparó primero contra su pareja, Romina Maguna y luego asesinó a su cuñada, su cuñado, su suegra, su concuñado y, al bebé que engendraba su concuñada. En Florencio Varela, cuatro amigas adolescentes fueron baleadas en plena calle, provocando la muerte de dos de ellas. El detenido acosaba a una de las chicas de 15 años desde hacía meses, según la familia de Denise Juárez.
En la Argentina, donde se produce un femicidio cada 30 horas, los hechos de Hurlingham y Varela evidenciaron que el ataque muchas veces es a la víctima directa y también a su entorno o a quienes hayan quedado en la línea de fuego del femicida. Se trata de los llamados “femicidios vinculados” y, según estadísticas de la ONG La Casa del Encuentro, abocada a visibilizar y denunciar la violencia de género, en los último años se duplicaron las víctimas fatales.
Según publicó Clarín, a través de las estadísticas de La Casa del Encuentro, en 2008 hubo 23 personas asesinadas -entre adultos y niños-, víctimas de femicidios vinculados. Mientras que en 2016, hubo 55 asesinados en esta condición.
“Decimos femicidio vinculado cuando el femicida, además de asesinar a su víctima directa, ataca a parte de su entorno afectivo o a quienes hayan quedado en la línea de fuego, o cuando ese agresor, para causarle un daño irreparable a su víctima directa, asesina a algún ser querido, como ha ocurrido con hijos e hijas”, define Ada Rico, que preside La Casa del Encuentro a Clarín.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en 2015 se convirtió en el primer organismo estatal en relevar el número de femicidios en Argentina, registra los casos de femicidios vinculados, pero no los publica.


















