Por Guillermo Borella *

La violenta protesta de la extrema derecha que tuvo lugar pocos días atrás en Charlottesville para evitar que sea removida la estatua de un general esclavista de la Confederación no solo vino a reavivar el debate revisionista sobre los símbolos de la guerra civil en Estados Unidos, sino que reabrió las heridas de la cuestión racial en dicho país. Heridas que, en el fondo, nunca cerraron y que atraviesan a una sociedad que hoy -como nunca- se enfrenta al espejo de su oscuro pasado.
Una aparente simple estatua dedicada al general Robert E. Lee, que comandó el ejército sureño en los combates contra los Unionistas del norte en la guerra de secesión americana (1861-1865) desató una oleada de incidentes en esta pequeña localidad del estado de Virginia.
Convocados bajo el título “Unamos a la derecha”, miembros del Ku Klux Klan, neonazis y supremacistas blancos marcharon, antorchas en mano, al grito de consignas racistas y antisemitas. Esa modalidad anacrónica y delirante de racismo había salido a defender la estatua de Lee que el gobierno local había resuelto remover. Del otro lado estaban los contramanifestantes –la mayoría afroamericanos y antifascistas izquierdistas- que salieron a repudiar a las organizaciones racistas.
El final era fácil de prever. La escalada de violencia no tardó en estallar y ambos grupos terminaron enfrentándose en una escena semejante a las cruzadas de la Edad Media. Los incidentes acabaron con la muerte de una mujer y una treintena de heridos tras ser arrollados por un auto deportivo conducido por un joven supremacista blanco con antecedentes policiales por golpear a su madre parapléjica.
Revisionismo: un debate nacional
El rebrote de tensión vivido en Charlottesville fue apenas el último ejemplo local de un debate que afecta a la nación entera. La acalorada discusión en torno al revisionismo de los símbolos de la guerra civil dejó ya de ser una discusión latente en el sur del país y en los últimos años pasó a ser un tema de discusión que afecta a todos los norteamericanos.
El antecedente más cercano de este debate tan delicado se había dado en junio de 2015 cuando se produjo la matanza racista en una iglesia de Charleston (Carolina del Sur) a manos de un joven supremacista blanco llamado Dylann Roof. En esa ocasión, al justificar su accionar en una “guerra racial” y exhibir símbolos de la Confederación se reavivó el debate sobre la bandera confederada que colgaba frente al Capitolio estatal. Tras semanas de presión y arduos debates, los legisladores terminaron votando su retirada.
Desde entonces, más de 60 monumentos confederados fueron desmantelados o renombrados en todo el país, según un estudio publicado en abril por el Southern Poverty Law Center. De acuerdo a dicho informe, existen 718 monumentos de este tipo en EE.UU., principalmente en el sur, donde es común encontrar calles, escuelas o estatuas bautizadas con nombres de personalidades de la vieja Confederación esclavista. Incluso empresas como Amazon decidieron dejar de vender símbolos de la Confederación.
Pero los esfuerzos para retirar esos símbolos han despertado una férrea resistencia por parte de sus detractores, agrupados y visibilizados a través de grupos de extrema derecha que se oponen a este revisionismo por considerarlos un reflejo de la herencia blanca y han hecho demostraciones de fuerza en Charlottesville o Nueva Orleans.
Los incidentes del sábado pasado deben analizarse a la luz de esta compleja trama. La marcha ilustró esta polémica revisionista, esta vez polarizada en torno a la figura del general Lee. Mientras que para unos, es un icono histórico y una muestra de patriotismo sobre una figura patriótica que comandó el ejército sureño en los combates contra los Unionistas del norte; para sus detractores, en cambio, representa un símbolo de la esclavitud y de la segregación racial.
Todo indica que la tensión generada en torno a este debate revisionista seguirá escalando. Sobre todo si tenemos en cuenta los guiños mutuos implícitos entre los supremacistas blancos y Donald Trump.
Esto quedó reflejado tras la escandalosa conferencia de prensa en la que Trump se refirió a lo ocurrido en Charlottesville. Allí, el presidente Trump igualó a neonazis y supremacistas con sus detractores de izquierda al condenar lo que llamó la violencia de “muchos lados”, generando una rápida oleada de críticas. Desde figuras del Partido Republicano hasta mandatarios extranjeros, todos coincidieron en repudiar la tibieza del presidente al no rechazar explícitamente las acciones de los ultranacionalistas. Sus comentarios también siguieron provocando renuncias de sus asesores y consejeros empresariales. En respuesta, el Washington Post repudió dichas declaraciones a través de un editorial afirmando que fue “un gran día” para los racistas estadounidenses.
Además, Trump simpatizó con la demanda de los protestantes “blancos” de que la estatua de Robert E. Lee no sea removida, un gesto que el ex líder de Ku Klux Klan, David Duke, respondió con un tuit agradeciéndole su “honradez y coraje” al denunciar a los “terroristas de izquierda”.
Estos sucesos vinieron a reflejar, una vez más, el doble estándar que forma parte de la visión simplista y sesgada de Trump. Según su óptica, los actos terroristas solo los cometen los musulmanes. En cambio, cuando un blanco atropella con su auto a decenas de personas es un “homicidio”. Del mismo modo, los criminales son negros o latinos y las víctimas siempre blancas.
Apenas un dato: según un informe del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., difundido en mayo pasado, en los últimos 16 años los supremacistas blancos fueron responsables de 49 homicidios, es decir, más que cualquier otro movimiento extremista nacional.
Dos días después de los incidentes, cuando en una conferencia de prensa el presidente fue interrogado sobre por qué había esperado dos días para condenar explícitamente a los grupos de extrema derecha, Trump respondió que había querido ser cuidadoso para no dar una “rápida declaración” sin contar con “todos los hechos”.
En tiempos de la posverdad, vaya ironía.
* El autor es Periodista y analista internacional


















