Este torneo quedará marcado en la memoria del hincha sabalero por dos cuestiones. Primero y más importante, por el pasaporte para volver a jugar una competencia internacional después de seis años. Y después, la racha histórica de siete triunfos consecutivos en Primera División, rompiendo contra todos los antecedentes.

Colón culminó el campeonato 11° con 49 puntos, ocupando el último cupo para jugar la Sudamericana. En el primer semestre llegó a las 20 unidades con Montero y desde el arribo de Domínguez consiguió sumar 29 puntos.

El gran objetivo era engrosar el promedio para evitar el descenso. Eso se fue consiguiendo hasta que el rojinegro obtuvo las siete victorias consecutivas y se comenzó a mirar para otro lado. Muchos apuntaron a la Libertadores, aunque clasificar a la Sudamericana termina siendo un gran festejo.

Las incorporaciones de Vera y Pereyra le dieron jerarquía al plantel. La recuperación de Ledesma hizo que el equipo juegue a otra cosa. También hay que sumarle que Clemente Rodríguez, otro experimentado, recuperó su nivel y Ortíz se afianzó en la titularidad. Broun siguió siendo importante en cada triunfo sabalero. Y así se fueron sumando el resto de los jugadores para realizar un muy buen semestre.