Van 15 minutos del segundo tiempo. Colón acaba de ponerse en ventaja de visitante ante Unión y el volante Iván Torres salta mal, con el brazo extendido, a buscar de cabeza una pelota. Su codo impacta la cara de Manuel de Iriondo y el árbitro, Patricio Lousteau, no duda: roja directa.

El clásico se ponía cuesta arriba para el Sabalero y en el banco de suplentes las cosas se vivían con el nerviosismo propio de un protagonista que no puede alterar el destino. “Nico, prepárate que seguro entras vos”, le insistía Yamil Garnier a Silva. “Por la historia del club, no se puede perder este partido”, lo arengaba. Creía que la velocidad y el despliegue del joven volante iba a ser la carta que mostraría su DT, Eduardo Domínguez, para tapar el hueco que quedaba en el medio campo.

Se equivocó. El llamado fue para él. Garnier abrazó a cada uno de sus compañeros en el banco y entró a los 19 minutos del segundo tiempo para intentar mantener el resultado. 20 minutos después, tras un centro desde la izquierda el jugador se desmarcó y arrojándose al piso cabeceó cruzado, lejos de Nereo Fernández, directamente a la red. 2 a 0.

El vestuario de Colón era una fiesta: todos cantaban y saltaban, menos uno. Garnier estaba sólo, apartado, intentando pasar desapercibido y llorando de la emoción. Su gol quedó como el sello de ese clásico que revirtió la racha sabalera (desde allí ganó 6 partidos seguidos) y como un dardo letal de las cargadas. Ese gol se transformó en “memes” y le dio nombre al clásico: de aquí a la eternidad, cuando alguien recuerde esa tarde en el 15 de abril dirá: “el día del gol de Garnier”.

El entrerriano, de 34 años, paseó su carrera por el ascenso hasta llegar a Colón, en 2014. Con ningún gol en su haber y mucha más entrega que buen fútbol, nunca fue un destacado para la hinchada. Pero se fue transformando en una pieza clave del plantel. Puertas adentro es un bastión fundamental: el preferido del equipo. “Cuando no estaba en la lista de concentrados y había que viajar, Yamil venía igual, para estar con el grupo. Eso se valora”, dice uno de sus compañeros. Y agrega: “Siempre está alentando y colaborando con todos”.

Tras el partido con Unión, Yamil Garnier fue el ancho de espadas para las cargadas al clásico rival. Hubo “memes”, canciones y hasta se convirtió en Trending Topic en Twitter. Garnier cobró visibilidad para propios y extraños.

Tanto significó ese gol, que en el último partido de local, frente a Tigre, el jugador entró a los 48 del primer tiempo arrancándole el aplauso a la multitud sabalera. El destino le permitió rendirle cuentas a su gente. Adentro del vestuario, ya no tenía nada que demostrar.