El 10 de Croacia no la tuvo fácil. Luka Modric nació el nueve de septiembre de 1985 en Zadar, por aquel entonces ciudad de Yugoslavia. Con apenas 6 años, en 1991, le tocó vivir en carne propia la Guerra croata de Independencia, un acontecimiento que duraría cuatro años y en el que Modric perdió a su abuelo, quien fue ejecutado por los rebeldes serbios.

La única salida para sobrevivir era huir. Por eso, junto con sus padres abandonó su ciudad natal para crecer en diferentes centros de refugiados como lo fue el Hotel Kolovare ubicado en la ciudad de Zadar.

Con 7 años fue el director de Kolovare descubrió en el inquieto Luka a un posible futbolista, que comenzó a entrenarse en el Zadar. Cuando los bombardeos lo permitían, el pequeño Modric practicaba en aquel club. “Su talento era evidente desde el principio, a pesar de que era un chico tímido y tranquilo”, aseguró Miodrag Paunovic, su primer entrenador.

Con los años y después de muchísimo esfuerzo, el rubio mediocampista llamó la atención del Dinamo de Zagreb y el Tottenham inglés: “En la escuela aceptábamos a todos los niños que venían con el objetivo de que no vivieran encerrados. Durante la guerra, Luka llegó como un niño muy frágil, nunca imaginamos que llegaría a ser un futbolista tan importante”, confió Tomislav Basic, director del Zadar.

Toda esta historia de lucha y superación se verá coronada el próximo domingo, cuando Modric encamine a su selección a la final de mundo ante Francia en el Mundial de Fútbol organizado en Rusia.