Los riesgos de preguntar sin concesiones

Cuando uno nace en Santa Fe tiene dos opciones a la hora de elegir un equipo de fútbol: Unión o Colón. Peor aún: la decisión la tienen los padres o algún tío futbolero: porque uno no habla, no camina (no piensa, ni siquiera) y ya lo envuelven en una camiseta que lo va a acompañar toda su vida.

Si esa persona comete el desliz (muchas veces ingrato) de dedicarse al periodismo, se dará una conjunción natural: ese periodista será, indefectiblemente, Tatengue o Sabalero.

La periodista Clara Blanco tiene 21 años. Es santafesina e hincha de Colón, tal cual lo manifestó en varias oportunidades en su Facebook. Colabora en NexoDiario y en Fútbol Show, Radio Punto (AM 1400) de Buenos Aires. El jueves 13 pidió acreditarse para el partido de Unión contra Defensa y Justicia del siguiente domingo y recibió una respuesta negativa insólita: “No la acreditamos porque los socios denunciaron que es hincha de Colón y el club quiere evitarse problemas”.

El club tiene problemas si considera que un hincha manifiesto de Colón no puede ir a trabajar a sus instalaciones. ¿Acaso la mitad de los periodistas deportivos que entran al estadio 15 de abril no son sabaleros?

¿Podría haberse cuidado Clara de no subir una foto con camiseta de Colón a su Facebook? Probablemente. ¿Es eso suficiente para coartarle la posibilidad de trabajar a un periodista? Imposible.

No se trata sólo de libertad de expresión. Se trata de un derecho más básico: laburar. Si la lógica se aplica para todos, los periodistas deportivos deberían trabajar solo con el equipo del que son hinchas y los periodistas que nos dedicamos a la política deberíamos hablar sólo con aquellos a los que votamos. La cosa es simple: lo que hizo Unión es, además de ilegal, una terrible estupidez.

¿Qué pasó en realidad? En el último partido de local, frente a Talleres, Unión arrancó perdiendo casi desde el vestuario, aunque lo terminó dando vuelta y ganando por 4 a 2. El Tate venía de perder el clásico de local y de que Banfield le haga 3 goles.

En la conferencia de prensa, Clara Blanco hizo una pregunta que me sigue pareciendo brillante. “¿Cuando iba perdiendo, se le cruzó por la cabeza renunciar?”, interpeló al director técnico Juan Pablo Pumpido. Era una de las primeras veces que pedía la palabra en la sala de prensa del 15 de abril. Los otros periodistas ya habían hecho algunas de las preguntas de rigor. Clara se diferenció. Si conseguía un “sí”, iba a lograr el título de todos los diarios. No lo consiguió. Pumpido contestó molesto y ella, me consta, se sintió incómoda.

También me consta que muchos (¿Pumpido también?) consideraron que era una interrogación “mala leche”. Y ahí entramos en el terreno de la subjetividad: calificar las preguntas conlleva un alto riesgo. Casualmente, al próximo partido de local le dicen que no podrá acreditarse, que “es para evitar inconvenientes mayores”.

Nadie de la platea desde donde Clara Blanco trabajó este tiempo le dijo nada. No hubo un solo hincha de Unión que le faltara el respeto. Lo mismo del lado de la periodista: sus notas fueron siempre objetivas y actuó con total profesionalismo.

Que le coarten la posibilidad de trabajar por hacer una pregunta marca dos cosas: la falta de sensatez de Unión y el enorme futuro como periodista de esta chica.

*Esta nota fue publicada tras el acto de censura, antes de que Juan Pablo Pumpido dejara de ser DT de Unión. El autor es el director periodístico de NexoDiario, redactor de política de Revista Noticias y productor periodístico de Los Leuco.