La columna de Leuco: “Zaffaroni contra las víctimas”

Nadie habla de otra cosa. Pero, primero, vamos a los hechos que son absolutamente indignantes porque demuestran que una parte de la justicia argentina está definitivamente a favor de los delincuentes y en contra de las víctimas. La escuela de Zaffaroni envenenó parte de los tribunales y de las aulas donde se enseña ese derecho torcido que Zaffaroni proclama.

El joven y valiente policía Luis Oscar Chocobar fue procesado “por homicidio cometido por exceso de legítima defensa” y embargado en 400 mil pesos. ¿Sabe quién es Chocobar? El héroe que le salvó la vida al turista norteamericano que fue apuñalado salvajemente en el barrio de La Boca. ¿Se acuerda? Frank Joseph Wolek estaba disfrutando de Caminito como tantos extranjeros, sacaba fotos y sonreía feliz hasta que dos asesinos le quisieron arrebatar la máquina y como no pudieron, lo apuñalaron salvajemente. Ya le habían metido 10 cuchillazos en el cuerpo al visitante norteamericano cuando Chocobar, vio la escena y actuó como debe actuar un policía. Llamó al 911, a una ambulancia, primero disparó al aire con su arma reglamentaria, socorrió a la víctima. Después les dio la voz de alto y cuando los criminales se dieron a la fuga, en medio de la corrida, Chocobar disparó y mató a uno de ellos, llamado Pablo Kukok. Habían tomado otros rehenes y se volvieron contra Chocobar como para atacarlo.

La historia humanitaria se conoció muchísimo porque al ciudadano estadounidense Wolek los médicos del Hospital Argerich le salvaron la vida pese a que llegó en estado desesperante a la guardia. El que lideró el caso fue el cirujano Yamil Ponce que al final se encariñó tanto con Joe como llamaban al turista, que lo invitó a pasar fin de año en su casa.

El Doctor Yamil Ponce le salvó la vida a Joe y pasó a ser un héroe civil con todo el merecimiento. Pero el policía Luis Chocobar, también le salvó la vida porque evitó, con su decisión profesional, que le siguieran metiendo puñaladas en el cuerpo a Joe. Si fue milagroso salvarlo con diez cuchilladas en el cuerpo hubiera sido casi imposible con varias puñaladas más.

El doctor Ponce fue recibido y homenajeado por la ministra de salud de la Ciudad, Sonia Velázquez y el doctor se transformó en un orgullo para todos los argentinos. Tanto que Joe, cuando regresó a su país, prometió volver con su familia, otra vez de vacaciones.

Pero el cabo primero Chocobar no recibió ningún reconocimiento. Todo lo contrario. La justicia zafaroniana que todo lo pervierte metió preso al policía que revista en Avellaneda y que vive en La Boca. Es salteño, tiene 30 años, y toda su vida trabajó. Antes fue jardinero y obrero textil. Es de condición humilde como la mayoría de los policías.

Un juez que da vergüenza ajena, llamado Enrique Velázquez metió al policía en un calabozo con un delincuente. Chocobar tuvo que dormir en el suelo hasta que su abogado le llevó un colchón y ahora, este juez que me cuesta llamarlo juez, acaba de procesarlo por homicidio cometido por exceso de legítima defensa y de embargarlo por 400 mil pesos para los gastos de la causa. Le comento que Chocobar no vió semejante cantidad de dinero en toda su vida. Que se gana honradamente su sustento que además, es bastante módico. Y que ahora no puede vivir en el barrio porque los familiares del delincuente amenazan a su familia.

¿Qué argumenta el juez en su irracionalidad? Que Chocobar mató al delincuente Pablo Kukok de un balazo por la espalda. Estaban en plena huída. Chocobar en plena persecución sin saber si estos dos atorrantes habían asesinado o no al turista. Con las pulsaciones a mil por hora. Sacudido emocionalmente por la situación. De pronto los dos delincuentes, repito, eran dos, se separaron para atacar al policía para vengarse porque les había cortado la posibilidad del robo.

Me gustaría preguntarle al juez. ¿Cuál es el límite que fija desde su cómodo despacho con aire acondicionado? ¿Chocobar no tendría que haber disparado? Kukok lo podría haber apuñalado a él.

¿Tendría que haber tirado a las piernas? Eso es lo que hizo en un principio ¿El juez de triste trayectoria tiene idea de lo que pasa por la cabeza y el corazón de una persona frente a una situación así?

Lo cierto es que dos héroes, dos servidores públicos ejemplares, salvaron la vida de Joe. El médico está en su lugar, salvando nuevas vidas y eso es maravilloso. Y el policía está con su vida complicada, con posibilidades de volver a la cárcel o de perder su trabajo y absolutamente confundido y dolorido. Chocobar pasó de héroe a asesino gracias a un juez que, con semejante señal nefasta, favorece a los victimarios y vuelve a herir a las víctimas.

Es un caso terrible por lo incomprensible. Pero no es el único. Hay cientos de casos por año que culpabilizan a las injusticias del sistema.

Pero es tan corta su mirada, tan reaccionaria que no se dan cuenta que Chocobar también nació en la pobreza como tantos y que eligió otro camino, el de la ley. Y que miles y miles de argentinos humildes y excluídos se rompen el lomo trabajando en forma honrada para salir adelante. Esos laburantes pobres siente como una cachetada cuando se favorece a los delincuentes y además lo toman como una provocación o invitación para que sigan el camino del delito que para algunos mal llamados jueces garantistas es más rentable que pelear el destino con esfuerzo y sacrificio

Porque le aclaro que el delincuente muerto, además, tenía serios antecedentes por robos en banda y en poblado. Estaba libre y los que creyeron que lo beneficiaban por eso finalmente ayudaron a que muriera de un tiro en plena calle.

¿Qué tiene que hacer el ciudadano honrado que paga sus impuestos con un esfuerzo descomunal, que gana apenas lo justo o mucho menos de lo que necesita y observa amargado que los que matan por un par de zapatillas o una máquina de fotos son considerados víctimas por algunos jueces?

Chocobar se puso en manos de Dios porque se siente abandonado por la justicia. ¿Qué podemos hacer, entonces?

Tenemos que plantear que no haya ni un juez más como Eugenio Zaffaroni.

Porque lamentablemente la justicia argentina está llena de jueces hijos putativos de la doctrina Zaffaroni. Esa fábrica de jueces que defienden y admiran a los delincuentes tiene un responsable directo: Zaffaroni.

El falso garantismo, el abolicionismo como doctrina, diseminó magistrados por todo el país que tienen una mirada teórica muy lejos de los problemas concretos de la vida cotidiana. Todo el tiempo buscan vericuetos en las leyes para dejar libre a los delincuentes de todos los colores. Siempre hay una excusa. Siempre es el sistema capitalista el responsable de que haya criminales, asesinos y violadores. Siempre es la injusticia social la que produce delincuentes. Por lo tanto, siempre se puede condenar y responsabilizar a esa ideología y dejar libre a los que superaron todos los límites morales al violar, robar y matar.

¿Es tan difícil comprender esto? ¿Es tan complejo ponerse en el lugar de las víctimas o de los familiares de las víctimas y dejar de favorecer a los victimarios? ¿Se puede ser juez con una ceguera dogmática semejante que tira nafta sobre los incendios sociales? Todo eso se lo debemos al presunto destacado intelectual Eugenio Raúl Zaffaroni.

Hizo bien el presidente Macri en recibir al policía que cumplió con responsabilidad su misión. Fue un tiro para el lado de la justicia. Rolando Barbano, el brillante editor de la sección “Policiales” de Clarín y compañero de esta radio, lo resumió como nadie: “hay jueces que aplican la pena de muerte, pero con las víctimas”.

Necesitamos urgente que se haga justicia. Y no demagogia barata y criminal. Castiguemos a los que nos matan y cuidemos a los que nos cuidan. Porque si no, ¿Quién nos va a cuidar?