Sepa el pueblo votar

Se terminaron las palabras, empezó la veda y ahora les toca hablar a los ciudadanos a través de las urnas. Estamos ante una elección histórica, una de las más importantes desde la recuperación de la democracia en 1983. Básicamente porque puede confirmar o no, un cambio de época en la vida nacional. Nunca hay que dar nada por seguro hasta que se cuenta el último voto. La vida te da sorpresas, las encuestas vienen fallando demasiado y a las urnas las carga el diablo. Hay muchos factores que influyen y que no se pueden medir. Por ejemplo, si va a haber mayor o menor concurrencia que en las PASO. Y eso puede hacer subir o bajar un par de puntos a cualquier candidato.

Yo hablo de que se puede producir un punto de inflexión en la historia porque si Cristina llega a perder frente a Esteban Bullrich, como dicen muchas consultoras, será el comienzo de su ocaso como dirigente. Una derrota de Cristina, dos veces presidenta, invicta desde hace 30 años, sería una forma de que la sociedad le extienda su certificado de defunción política. El fracaso de Cristina puede ser más grave todavía si saca menos votos que Aníbal Fernández o Herminio Iglesias e incluso, menos votos que ella misma en las internas. Es difícil que eso ocurra, pero si ocurre, sería demoledor. Ya llevó al peronismo bonaerense a la peor elección y a la crisis partidaria más importante de su historia. Condujo con mano de hierro y pisoteó todos los brotes. No permitió que surgiera ningún liderazgo sano y honrado de sus filas camporistas. Y su autoritarismo, corrupción y soberbia despertaron en la gran mayoría de los argentinos un rechazo muy grande. Su imagen negativa es altísima. Su aislamiento aún dentro del peronismo, es patético. Es que ella fue la mariscal de los últimos papelones electorales. Fue la que con su dedo puso a Aníbal de candidato a gobernador en el 2015 y la que negó la competencia interna a Florencio Randazzo este año. Fueron tiros en los pies que la doctora se pegó sin que nadie de sus amanuenses se atreviera a decirle nada.

La caída de Cristina, en caso de producirse, simbolizaría una vuelta de página. El populismo autoritario y cleptocrático, el ladriprogresismo violento entraría en una etapa de disgregación que solo podría evitar un fracaso estrepitoso en la economía del gobierno de Mauricio Macri. Si Bullrich gana los comicios y el oficialismo logra bajar los niveles de pobreza y desocupación y aumentar el trabajo y el crecimiento, la suerte del kirchnerismo estará echada y pronto le nacerán patillas a Cristina porque como, después del menemismo nadie fue menemista, después del kirchernismo, en un año más, ya nadie será kirchnerista. O mejor dicho, quedarán pequeños grupos dinámicos y con capacidad de daño y movilización pero ya no serán una opción clara para regresar al poder en el 2019. Los intendentes y gobernadores mayoritariamente huirán de su lado buscando nuevos horizontes: en un peronismo renovado y republicano o en Cambiemos.

Y encima, la justicia tomará debida nota de la debilidad y crecerán geométricamente las posibilidades de que Cristina vaya presa.

Insisto con esto. Yo no aseguro que el domingo vaya a pasar esto. Digo que puede pasar y saco mis conclusiones sobre la base del análisis y las conjeturas.

Pero no hay que subestimar a Cristina ni a su tropa. Sacó el 54% de los votos en su reelección y doce millones de compatriotas la votaron. Quedará en la historia por eso. Si se produce el resultado contrario y Cristina gana la elección, de inmediato se convertirá en candidata a presidenta en el 2019, en jefa de la oposición y la mayoría del peronismo se va a subordinar a ella. Eso complicaría mucho las cosas para el gobierno de Macri. Porque ella es una líder tóxica, confrontativa que pondrá palos en la rueda de las leyes y las iniciativas y tratará, en un claro gesto golpista de hacerse elegir presidenta del senado, quedar tercera en la línea sucesoria y hacerle la vida imposible a Macri a quien trató de estúpido. La justicia también registraría esa novedad, sus causas se demorarían hasta el infinito y sería casi imposible verla entre rejas. Al contrario, si ella gana pasado mañana, hay más posibilidades de que vaya preso yo que ella.

El enfrentamiento entre Cristina y Bullrich no es la única batalla pero es la madre de todas ellas. Insisto: es donde se expresa con mayor claridad la pulseada por conseguir el respaldo popular de dos modelos culturales, económicos, éticos y políticos absolutamente antagónicos.

La otra gran incógnita que las urnas van a despejar es la realidad de Santa Fe. La información disponible dice que Cambiemos va a vencer al ultra kirchnerista Agustín Rossi. Desde la guerra que Cristina le declaró al mundo de la producción agropecuaria, Rossi es visualizado como un traidor a su provincia. Defendió sus intereses partidarios y personales por encima de la economía del distrito que tiene como principal locomotora al campo.

Si todo esto se verifica en la práctica, Macri podría igualar un record que solo logró Raúl Alfonsín: ganar en los 5 principales distritos. Veamos: Buenos Aires, Capital, Córdoba, Santa Fé y Mendoza. Hay encuestas que hablan de una ola amarilla muy grande que ratificaría las victorias de Cambiemos en feudos históricos como San Luis, Santa Cruz o La Pampa. Hay algunos que arriesgan a que en algunas provincias en las que el oficialismo nacional perdió pueda acortar distancias o revertir el resultado. Por ejemplo Salta. Hay que esperar hasta el domingo a las 24 hs más o menos. Pero de todos estos resultados depende la fortaleza con la que saldrá el gobierno de Macri para afrontar las reformas de fondo que promete y quienes serán los gobernadores o intendentes peronistas mejor parados y exitosos como para encabezar una renovación partidaria. El sistema necesita un justicialismo más republicano, menos corrupto y con un recambio generacional que deje afuera de las grandes decisiones a Cristina y su banda y que mantenga su vocación de poder y su opción por los pobres pero sin caer en actitudes destituyentes o autoritarias.

Provisoriamente ese nuevo eje lo conduce el senador Miguel Angel Pichetto. Por astucia y experiencia partidaria. Pero un jefe de estado provincial exitoso sería el elegido para acelerar la nueva etapa del post kirchenrismo. ¿Sergio Uñac en San Juan? ¿Urtubey en Salta? Veremos. Habrá que escuchar la voz del pueblo entre tanto ruido.

Lo único cierto es que Cristina le hizo mucho daño a la Argentina y también al peronismo. De hecho, esa agrupación que siempre tiene candidatos a presidente de sobra ahora tiene vacante ese lugar. Por el contrario, el liderazgo menos concentrador y más colectivo de Mauricio Macri, le hizo mucho bien a su coalición de gobierno. Nunca el no peronismo tuvo tantos presidenciables en el 2019, siempre y cuando les vaya bien con la economía y no le estalle ninguna crisis. Macri que podría aspirar a su reelección, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta que a lo mejor van por un período más en sus distritos y Marcos Peña o Rogelio Frigerio que son jóvenes pero que tienen una solidez consolidada en el ejercicio del gobierno.

Los argentinos estamos llenos de incertidumbres. Necesitamos respuestas para avanzar decididamente a un país desarrollado y equitativo, con libertad absoluta y apuesta a la innovación creativa. Ese país que podemos construir entre todos puede construir sus cimientos este domingo. Sepa el pueblo votar.