La columna de Leuco: “Moyano va por todo”

Hace 10 días, en esta columna, le anticipé la guerra que había desatado Moyano y el choque de planetas que se venía con el presidente Mauricio Macri. Hoy quiero confirmar eso y sacar como inquietante conclusión que Hugo Moyano y Cristina Fernández conforman la columna vertebral del club del golpe. Moyano va por todo. Y Cristina en su momento también lo intentó.

Ambos tienen miedo de ir presos y presionan con ferocidad al gobierno para que intervenga en la justicia y frene las causas más graves. No entienden ni quieren entender que la inocencia se tiene que defender en tribunales. Estamos ante el desafío más potente y antidemocrático que va a tener que superar el presidente Mauricio Macri.

Cristina es la opositora que obtuvo más votos y Moyano, es el sindicalista que mayor capacidad de daño y movilización tiene. Juntos son dinamita. El camionero dijo que no le constaba que la ex presidenta fuera corrupta y que debía volver al peronismo. Recibió el apoyo explícito de La Cámpora y se abrazó con Amado Boudou. Esa insólita alianza tácita entre dos dirigentes que se odiaban se ha convertido en un imán para todos los que quieren que el gobierno se vaya antes: “Les queda poco, están fracasando y no tienen respuesta. Macri es un caradura cuyo objetivo es entregar el país”. El ataque verbal de Moyano está a la altura de las vergonzosas declaraciones destituyentes de Eugenio Zaffaroni, Hebe Bonafini o las amenazas de Luis Barrionuevo de que no se atrevan a pisarle la cola al león porque si no les va a pasar lo que les pasó a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa.

Moyano fue feroz con sus palabras cargadas de pólvora y amenazas. Dice que el objetivo es sacarle derechos al trabajador y que simpatizan con las medidas que tomaron los militares. Algo que va en el mismo sentido de “Macri basura/ vos sos la dictadura”. Sorpresas te da la vida. Las coaliciones en este país tienen más que ver con las complicidades que con un programa en común. Mientras Cristina fue la principal enemiga de Moyano y viceversa, el líder de los camioneros construyó una relación de respeto y convivencia pacífica con Macri en la ciudad de Buenos Aires. Incluso, llegó a tratarlo de compañero. Pero ahora, la taba se dio vuelta. Es Cristina la destinataria de los elogios de Moyano y Macri el que recibe las bofetadas.

Moyano llegó a decir que el país no tiene destino con este gobierno. La marcha del 22 puso en marcha a todos los golpistas. Eso fracturó en los hechos la CGT que ya estaba fracturada en los papeles.

Héctor Daer que se maneja con prudencia, fue acusado de “carnero” por Carlos Acuña, su compañero de triunvirato que además lo amenazó diciendo que si no se iba solo de la CGT, lo iban a echar los trabajadores. Es el mismo Acuña que para garantizar un paro en una estación de servicio utilizó las amenazas violentas contra dos mujeres. ¿Se acuerda?

Son muchos y muy poderosos los gremios que no quieren tirar piedras todo el tiempo y que apuestan a conseguir mejoras mediante el diálogo con el oficialismo. Hay varios que son decisivos para garantizar cualquier paro. Hablo de los colectiveros de Roberto Fernández o de los ferroviarios. Ellos no quieren saber nada con que Moyano los utilice para amenazar a la justicia. Incluso muchos sindicalistas están tomando venganza de cuando el poderío de Moyano les sacó afiliados bloqueando empresas y apretando gente. Muchos de los gremios más numerosos van a mirar por televisión la marcha que puede ser muy masiva porque hasta los intendentes K del conurbano y algunos movimientos sociales van a sumar sus columnas. Todos unidos contra Macri.

Por eso le digo que Moyano y Cristina conforman los cimientos del muro que se está levantando en el camino de Macri hacia el 2019. Hay una Argentina nueva que rechaza la corrupción y las patotas que apuesta a vivir en paz. En las urnas fue mayoritaria y se impuso en tres elecciones consecutivas y puso al peronismo en la peor crisis de su historia. Cristina y Moyano tuvieron mucho que ver en esa decadencia y ahora se ofrecen como los constructores de los nuevos tiempos. No les va a resultar sencillo porque ambos tienen un alto nivel de rechazo entre los ciudadanos y los identifican como los responsables de los problemas más graves que dejaron de herencia.

Respecto de la reforma laboral, Moyano dijo que prefiere ir en cana antes que votar contra los trabajadores.

Después transitó el camino de la presunta ironía. Hizo como que se equivocó y llamó “Pavote” a “Bebote” Alvarez que acusó a Hugo y Pablo Moyano de manejar la barra brava de Independiente, de hacer negociados oscuros y millonarios con las entradas y de lavar dinero.

El colmo del cinismo fue cuando condenó a Macri por el tema de la reforma jubilatoria: “Le rebajó el sueldo a mi vieja que tiene 100 años, porque los del gobierno nunca pasaron necesidades”. Lo dice un Hugo Moyano que vive como un rey y que en dos años se compró 6 mansiones en el lujoso Parque Leloir.

Aquí hay un tema delicado porque una parte es una cuestión familiar. Todas las sospechas de la justicia y de la Unidad de Información Financiera están sobre las empresas que son casi las únicas proveedoras del gremio y que pertenecen a Liliana Zulet, la actual esposa de Moyano y sus dos hijos, Valeria y Juan Manuel, quienes blanquearon el año pasado más de un millón de dólares cada uno.

Me refiero a Aconra, la que construye todas las obras de camioneros, como el sanatorio Antártida.

Dixey es la que provee toda la ropa de trabajo. Y Iarai, es la prestadora médica de la obra social. Un holding muy rentable que maneja más de mil millones de pesos y que no tiene que competir ni en licitaciones ni en compulsa de precios con nadie. Otro de los frentes de batalla judicial tiene que ver con los manejos inexplicables de grandes sumas de dinero entre el club de Camioneros, el club Independiente y la empresa OCA que según Moyano le debe al gremio más de mil millones de pesos. En ese Triángulo de las Bermudas se han realizado depósitos y extracciones de sumas multimillonarias sin ninguna transparencia.

En los papeles, a primera vista, no aparecen ni Facundo ni Hugo Antonio, el abogado laboralista. Ambos son hijos de Moyano con Elvira Cortes, la segunda mujer del jefe de los camioneros. Pero cuando se habla del “Clan Moyano” seguramente estén pagando justos por pecadores. Veremos que dice la justicia.

Moyano está en el peor momento de su vida sindical. Es la síntesis de lo que la inmensa mayoría de los argentinos quiere extirpar de la vida política. Para que no haya coimas ni extorsiones. Para que los costos de flete y logística sean razonables y las empresas no se tengan que ir a otros países a instalarse. Todavía estamos esperando que el colectivo “Ni una menos”, cuya conducción fue copada por las kirchneristas diga algo sobre la actitud misógina de llamar “cucaracha” a Graciela Ocaña, la principal denunciante de Moyano. Patricia Bullrich, otra que lo enfrenta sin miedo dijo que lo único que aportan es extorsión y Elisa Carrió que lo tiene en la mira hace mucho está a punto de expedirse sobre esta y otras cuestiones graves como el tema Jorge Triaca.

Lo más grave lo dijo Moyano la semana pasada. Dijo que iban a hacer grandes esfuerzos para que esto termine de la forma menos violenta posible. Por lo tanto, no descarta la violencia. Casi no conoce otro idioma.

Moyano pateó el tablero y no dejó espacio para ninguna negociación. Le mojó la oreja al presidente Macri. Lo desafió a pelear. Por eso digo que se viene un choque de planetas. Una batalla por la libertad, la honradez y la democracia. Moyano y Cristina vienen por todo. ¿Macri los podrá frenar?