La columna de Leuco: “Los perdedores”

El lunes le dije que la gran perdedora de las elecciones fue Cristina. Ella y todos sus cómplices están acorralados por la justicia.

El lunes le dije que la gran perdedora de las elecciones fue Cristina. Ella y todos sus cómplices están acorralados por la justicia producto de la cantidad y variedad de delitos que cometieron y que no tienen antecedentes en democracia.

Ella fue la que no le quiso dar la interna a Randazzo y la que formó una nueva agrupación, una suerte de neo frepaso con Leopoldo Moreau y Sabbatella y tiró al Partido Justicialista por la ventana. Ella además es la mariscal que condujo al peronismo a tres derrotas consecutivas en la provincia de Buenos Aires y la que empujó a ese partido a la peor crisis desde su fundación. Sumando con buena voluntad todos sus votos nacionales anda por los 5 millones de votos, es decir que perdió 7 millones de votos por su ineficiencia y altanería desde el 2011 cuando logró ser reelegida con el 54%.

Cristina no dejó macana por hacer. Eso está claro y por eso le dije que está más cerca de su muerte política y de la cárcel que de otra cosa. Pero ella no fue la única perdedora.

También fue derrotado un estilo de gobierno autoritario, patotero, corrupto, mentiroso que produjo el hartazgo de millones de argentinos frente a esta mujer que siempre se sintió la dueña de la verdad y de la Casa Rosada y que nos decía como teníamos que vivir y pensar con el dedito levantado.

Entre tantos memes diseminados por las redes sociales hay uno muy cruel tipo chicana que dice: “al kirchnerismo le dicen Quilmes Rock… Porque están divididos, decadentes y hasta las pelotas”.

Daniel Filmus, para los que siguen las estadísticas, es un objeto de estudio. Algunos dicen que perdió 8 elecciones consecutivas y otros dicen que fueron 9. De todos modos es un record y demuestra por lo menos dos cosas: que el kirchnerismo nunca fue querido entre los porteños y que han sido incapaces de producir nuevos liderazgos. Todo lo contrario: en la interna confrontaron contra hombres de las nieves como Guillermo Moreno o Gustavo Vera, el amigo casi ex amigo del Papa Francisco. También participó y perdió por paliza con Filmus, lo que es mucho decir, Elizabet Gómez Alcorta, militante y abogada de Milagro Sala y de los violentos del RAM que se disfrazan de mapuches pero son repudiados y temidos por ese pueblo originario y pacífico.

Otro que recibió el rechazo de la mayoría de sus comprovincianos fue Agustín Rossi en Santa Fé. Desde la guerra sucia que Cristina le declaró al campo, Rossi se fue ganando la bronca de los productores agropecuarios que lo vieron defender su quintita de poder y no el motor productivo agropecuario de la provincia. Eso no le va a permitir nunca crecer en su carrera política. Tiene un techo y a lo sumo puede aspirar a batir el record de Filmus y perder diez veces seguidas. En el campo, cada uno cosecha lo que siembra.

Otros de los grandes derrotados son el resto de los integrantes de la dinastía Kirchner. Florencia y Máximo no fueron ni a votar por la lista de su tía Alicia. Esa fue la cuna del proyecto hegemónico y totalitario de Néstor Kirchner y hoy es el símbolo de la Venezuela que hubiéramos sido si triunfaban estos muchachos chavistas.

Máximo también fracasó como comandante de La Cámpora. Por varios motivos. Sintió en carne propia la traición de muchos intendentes que, para no perder su Consejo Deliberante, repartieron sus boletas locales con la boleta de Cambiemos arriba. Eso hizo la familia Mussi en Berazategui. Se puede medir: Cristina sacó 13 mil votos menos que los candidatos de Mussi. Máximo también se amargó especialmente porque dos de los emblemas de su agrupación perdieron en sus intendencias pese a los recursos que siempre suelen tener los que gobiernan. En Mercedes, Juan Ustarroz, el hermano de Wado de Pedro perdió por 22 puntos y el cancherito de Francisco Paco Durañona perdió en San Antonio de Areco por 23 puntos. Otro intendente camporista perdió por 15 puntos en 25 de mayo, el lugar de nacimiento de Santiago Maldonado al que tanto utilizaron políticamente.

Milagro Sala y su lugarteniente en el delito, conocida como Shakira, también fue derrotada aunque no compitió. El peronismo jujeño llevó como una de sus consignas la libertad de lo que ellos definen como “una presa política” y sacó apenas el 20 % de los votos y las listas de Gerardo Morales y Macri superaron el 51%.

Carlos Saúl Menem y su patetismo a cuestas ya había perdido hace mucho pero no se había dado cuenta. La justicia lo condenó por el contrabando de armas y en su momento huyó de la segunda vuelta frente a Néstor Kirchner. Es el símbolo bizarro de la decadencia del peronismo y su propio pueblo riojano se lo notificó en las urnas.

Pero hubo otro tipo de peronista que también fue derrotado. En Salta Juan Manuel Urtubey y en Córdoba Juan Schiaretti que pese a tener buena imagen personal y de gestión, también fueron arrastrados por la ola amarilla.

A Sergio Massa le pasó lo mismo. Fue tan fuerte la correntada y tan angosta la avenida del medio que de aquellos 4 millones de votos que sacó en el 2013 abortando la reelección de Cristina cayó a apenas un millón de votos y llegó tercero en su propia casa en Tigre e incluso perdió en San Fernando también. Tuvo un discurso errático y le resultó muy complicado pararse frente a semejante pelea de titanes entre Macri y Cristina. Tal vez se equivocó en poner al mismo nivel a ambos en su discurso. Lo digo porque claramente no son lo mismo. Cristina es la más grande ladrona de estado de la historia y Macri, por ahora, no tiene comprobado ni el robo de una lapicera. Cristina metió miedo a opinar y a pensar, persiguió a los disidentes y fracturó la sociedad y por ahora, Macri dialoga, escucha y tiene tolerancia frente al que piensa distinto. Tal vez si Massa se mostraba fuertemente anti K como lo hizo Margarita y hubiera prometido gobernar mejor que Macri, tal vez, podría haber mejorado su actuación.

Algo parecido le pasó a Martín Lousteau que fue otro de los grandes perdedores. Ambos son jóvenes y astutos y capaces y van a tener su revancha histórica. Pero la política, entre otras cosas, es no tener ansiedades personales y esperar los vientos favorables y jamás, enfrentar los huracanes de frente. Eso le pasó a Massa que perdió tres millones de votos, muchos legisladores e intendentes y que volvió al llano sin cargo alguno. Lousteu estuvo a un paso de ser jefe de gobierno de la ciudad y por su falta de sentido de la oportunidad y un mal diagnóstico del humor social, cayó a 236 mil votos.

Otros perdedores en toda la línea son los para periodistas militantes del dinero o de Cristina. Con Horacio Verbitsky como comandante de operaciones sucias y Víctor Hugo de cabo primero y una comparsa de menor envergadura se cansaron de mentir, inventar causas, repartir mierda y odio para todos lados y fracasaron porque se puede y se debe tener opiniones diversas, pero la noticia es sagrada. No se pueden tergiversar los hechos y engañar a la gente. Hasta el último día y todavía hoy se aprovecharon de la dolorosa muerte de un joven para inventar acusaciones de desaparición forzada o de crimen de estado. Hay que ser muy ignorante, farsante o muy malandra para creer que la gente se va a tragar esa píldora. Pero no tienen escrúpulos ni estómago. Demostraron que son antidemocráticos y que de periodistas solo tienen un vago recuerdo, pero muy vago. Por suerte las elecciones libres y democráticas son como un viaje donde los bultos se acomodan solos. Solo la verdad nos hará libres. La mentira tiene patas cortas y la cara de Cristina.