La columna de Leuco: “Droga que hace mierda”

El trabajo que se está haciendo desde el Ministerio de Seguridad puede exhibir mejores resultados que las otras promesas que hizo el presidente Macri.

El viernes, el presidente Mauricio Macri explotó en Mendoza. Usted lo acaba de escuchar de su propia boca pero se lo repito: “Sin miedos ni complicidades, vamos a echar a patadas de la Argentina a los narcotraficantes que destruyen nuestras familias y hacen mierda a nuestros jóvenes. No hay excusas para ningún político, juez, fiscal o policía”.

Es que el trabajo que se está haciendo desde el ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich es eficiente y puede exhibir mejores resultados que las otras promesas que hizo el jefe de estado cuando se sentó en el sillón de Rivadavia. Esas tres utopías que deben funcionar como el motor que todo lo mueve, son la pobreza cero, unir a los argentinos y derrotar a los narcos. Solo Superman podría lograr eso en poco tiempo. Son objetivos muy audaces y ambiciosos que necesitan un trabajo paciente y sustentable durante muchos años. Seguramente en el combate contra la pobreza y contra la grieta es donde hay más demora. En la lucha contra el narcotráfico se empezó a hacerlo con profesionalismo y contundencia por el camino correcto y es el que mayores logros puede exhibir.

Según Gerardo Milman, Secretario de Seguridad de la Nación, desde diciembre de 2015 se realizaron 24.106 operativos antidroga. Impresionante. Una lucha sin cuartel que tuvo éxitos resonantes como la detención de Ibar Perez Corradi, acusado de ser el autor intelectual del triple crimen de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. Fue detenido en Paraguay y rápidamente extraditado pese a que se había quemado las yemas de los dedos para no poder ser identificado por las huellas digitales.

Otro gran paso fue el encarcelamiento del “Monchi” Cantero, ultimo líder de la temible banda de “Los Monos” que tenía aterrorizada a gran parte de la población rosarina. Estaba prófugo desde 2013. No se puede olvidar el operativo “Bovinas blancas”, que escondían 2 toneladas de cocaína que fue una de las mayores incautaciones de la historia del hampa. Se detuvieron 15 personas en el galpón de Bahía Blanca donde escondían ese veneno blanco.

Algunos presos son ciudadanos mexicanos con vínculos con los peores carteles de aquel país azotado por este flagelo que por momentos y por regiones, instala un gobierno paralelo. ¿Se acuerda del operativo Narco Buque? Fue en diciembre del año pasado. La Prefectura Naval incautó más de 10.360 kilos de marihuana. ¿Y las 47 mil pastillas de éxtasis ocultas en un doble fondo en sendas valijas? Estas son solamente las victorias parciales con mayor repercusión.

No es poco. Por supuesto que falta mucho. Pero esto recién empieza y no hay antecedentes de tanta convicción y decisión política para enfrentar el delito complejo y las mafias. Aquí también hay cuestiones que hay que destacar como corresponde. La complicidad política en Itatí, la trama delictiva de La Salada, la lucha contra los corruptos de la policía federal y provinciales o los servicios penitenciarios. Estamos hablando tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires donde la gobernadora María Eugenia Vidal y el ministro Cristian Ritondo también se pusieron este drama al hombro.

El consumo, la producción, la exportación y el lavado de dinero proveniente del narcotráfico son los cuatro eslabones que completan esa cadena criminal nefasta. Todo el país está atravesado por semejante drama y es una de las malditas herencias que les debemos a 12 años de kirchnerismo. Nos dejaron altísimos índices de pobreza inflación negada, una corrupción colosal y el odio que alimentó la fractura social expuesta. Pero seguramente la peor de las asignaturas pendientes que dejó Cristina tiene que ver con los estupefacientes.

La droga es el principal enemigo del pueblo. El último intento de instalar el tema de verdad en el debate público lo hizo la Comisión Nacional de Pastoral sobre Drogadependencias, que coordina el padre José María “Pepe” Di Paola. El documento fue contundente al pedirle a las autoridades la urgente declaración de la “emergencia nacional de adicciones” para empezar a cortar por lo sano y para ganar algunas batallas en esta lucha desigual”.

El texto de los curas que ponen el pecho y el cuerpo todos los días en las villas y en los hospitales pegó un alarido: “¡Basta! ¡Basta! ¡Ni un pibe menos por la droga! Hay que ponerse a trabajar”. También ratificó su firme rechazo a “las políticas liberales que reclaman el derecho de cultivar, tener o consumir drogas”, en clara referencia a la marihuana. Se agradece esa postura tan taxativa frente a muchos presuntos progres y chicos cool que se creen que la legalización puede ser un camino de salida cuando, en realidad, es la puerta de entrada de los sectores más necesitados.

El documento de los curas villeros puso el dedo en la llaga cuando dice que hay que cortar el circuito financiero. Dinamitar la ruta del dinero que enriquece a estos criminales que trafican con el dolor de nuestras familias.

Denuncian que cotidianamente, llegan a sus parroquias e instituciones presentes a lo largo del territorio nacional, a los pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal.

Y está claro que la prevención siempre es el camino más barato y efectivo. Porque el narcomenudeo llegó a todas las latitudes. Porque la cultura que se instaló muestra al vendedor de droga como alguien exitoso que se llena de plata y que tiene las mejores motos y zapatillas frente a la miseria que lo rodea. Es un liderazgo absolutamente tóxico. Un patrón del mal que produce una verdadera implosión social allí donde se instala: los robos y los asesinatos se multiplican en forma proporcional a la cantidad de droga que se consume y trafica. Y a las instituciones que han sido perforadas y prostituidas por la corrupción.

El anterior gobierno tenía una actitud cómplice y negadora. No solo por los millones de dólares que embolsaron con el contrabando de efedrina y por el triple crimen. También porque personajes fuertes del gobierno como Aníbal Fernández miraban para otro lado y subestimaban el problema. Hay que revisar a fondo los aportes que recibieron en la campaña electoral de la mafia de las droguerías y sumar dos más dos.

Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga asesina. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.

No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos, mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. Los hace mierda, como dijo el presidente Macri. Por eso hay que combatir minuto a minuto a todos los que comercian con la muerte y la droga. La iglesia ya puso el grito en el cielo. Ahora nos toca a nosotros levantar esa bandera y llevarla a la victoria. “Ni un pibe menos por la droga” debe ser nuestro objetivo colectivo. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos. No hay otra solución que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros.