La columna de Leuco: “Dos años de Macri”

El balance de los dos primeros años de gobierno de Mauricio Macri arroja luces y sombras. El logro más importante tiene que ver con lo institucional. Macri demostró que no es Fernando de la Rúa, que derrotó con amplitud a Cristina y que está cerca de aprobar la más importante de las asignaturas pendientes que tiene nuestra democracia: que un presidente no peronista termine su mandato en tiempo y forma.

Si las elecciones de medio tiempo hubieran sido para elegir jefe de estado, Macri hubiese conseguido la reelección en primera vuelta porque con el 42% de los votos (diez millones) le sacó más de 20 puntos de ventaja al cristinismo que sumando a todos sus referentes nacionales apenas se acercó a los 5 millones de votantes. Además, se impuso en las 5 provincias más grandes y con un importante respaldo en otras, record que no se registraba desde Alfonsín. Gerardo Morales es un ejemplo de buena gestión como gobernador y consiguió el 52% de los votos y le sacó 32 % de ventaja a un peronismo que había sido sojuzgado por Milagro Sala que hoy está en prisión domiciliaria.

Eso pone a Macri y a Cambiemos ante la gran posibilidad de terminar con esa democradura casi de partido único porque el Peronismo hace 90 años que es la única agrupación que completa su mandato.

La democracia es muchas cosas pero, principalmente, es alternancia. Y si no hay dos coaliciones o más en condiciones de competir y gobernar, el sistema tiene una debilidad de origen muy peligrosa.

Macri con un dirigente de prestigio pero de poco nivel de conocimiento apellidado Bullrich le sacó el invicto electoral a Cristina que se convirtió en senadora, pero por la minoría en la provincia de Buenos Aires. Incluso puede decirse que otro logro es que Cambiemos consiguió fracturar las ofertas electorales peronistas y a los votantes tradicionales del justicialismo también. ¿Por qué digo esto? Dos datos: en la Tercera Sección, La Matanza, Avellaneda, para que se identifique, ganó Cristina, es verdad. Pero Esteban Bullrich apoyado en la gestión de Macri y en la popularidad de María Eugenia Vidal, consiguió el 35% de los votos. En el corazón del peronismo. Y una gran cantidad de obreros industriales registrados votaron por Cambiemos cuando habitualmente votaban al peronismo. Se mantuvieron fieles a su historia los sectores más marginales y excluidos, los que necesitan planes para poder alimentarse y un metrobus o las cloacas no le cambian la vida.

Otro gran éxito fue habernos despegado rápidamente de los países más antidemocráticos y desprestigiados del mundo. Hablo de Venezuela, Irán y Cuba donde solo abunda la pobreza y el autoritarismo. Por el contrario, el rumbo internacional del oficialismo fue sumarse a las naciones más racionales y desarrolladas que pueden ser plataforma de lanzamiento de inversiones de alta calidad e impacto. Es más, muchos referentes internacionales ven a Macri con posibilidades de convertirse en líder de la región para la difícil tarea de vencer al populismo en las urnas y de gobernar para el bienestar y la prosperidad de la mayoría de los ciudadanos.

Macri logró encabezar un gobierno que dialoga, no miente y (por ahora) no roba. Esperemos que eso siga así. Es el reflejo de una gran demanda social frente al hartazgo de la sociedad con un Cristinato, estafador y ladrón, mentiroso serial y de violento patoterismo.

Macri aspira a terminar con la pobreza y a ser el presidente que realice la mayor cantidad de obra pública de la historia. Con el tema de la pobreza todavía tiene una deuda grande porque si bien se ha mejorado es ínfimo y en forma muy lenta. Otro es el ritmo de la obra pública. Eso marcha a gran velocidad y en todas las provincias y municipios hay una ruta, una red de agua o cloacas, una escuela o un puente que se está construyendo. Y sin coimas ni sobreprecios. Esa actividad potenció la construcción que a su vez hizo mejorar, poco pero mejorar al fin, la cantidad de trabajo en blanco y privado que existe.

En estos hechos positivos tiene mucho que ver la actuación de un gran ministro: Guillermo Dietrich. También se destacan Patricia Bullrich y el combate sin cuartel contra las mafias policiales, futboleras y narcotraficantes con el peligro que implica semejante actuación. Rogelio Frigerio es otro de los ministros destacados que tiene diálogo constructivo permanente con los gobernadores de todas las camisetas partidarias.

Gran triunfo son los créditos hipotecarios. Vuelan. Mucha gente y mucho dinero mueve el mercado inmobiliario y eso es un motor productivo de alto nivel.

Macri administra un gobierno fuerte sin caer en autoritarismos. El reformismo permanente es un buen camino pero los principales problemas siguen estando en la economía que, al final, es la que desequilibra la balanza.

Ya hablamos de que la pobreza no se modificó sustancialmente. Hay menos pobres pero los pobres son más pobres que antes. La inflación es un enigma que el gobierno no logra descifrar. No le alcanza con subir las tasas desde el Banco Central para quebrarle el espinazo a la inflación que es el principal veneno de toda actividad comercial. Ni hablar del nivel de endeudamiento que es astronómico. Es cierto que no había demasiadas opciones. Casi que era el único camino. Pero hay que encender una luz de alerta amarillo en el tablero de las finanzas por la magnitud de la deuda.

Otra de las cuestiones más criticables, según mi opinión es intentar meterle la mano en el bolsillo a los jubilados. Es un sector al que hay que cuidar y proteger. Que votó en su mayoría por Macri y que no está en condiciones de resignar un centavo. El ahorro y la baja del gasto público es fundamental pero debe hacerse en la política como se está haciendo, y también, entre los sectores que más pueden y no entre los que menos tienen.

Finalmente desde lo político, el éxito de cambiemos se puede medir por la cantidad de candidatos a presidente que tiene. Eso habla de su vitalidad y dinamismo y de que jugar en equipo no iguala para abajo. Si la economía mantiene el crecimiento de la actividad y el empleo y aumentan las inversiones mientras baja la inflación, el jefe de estado estará en condiciones de buscar la reelección. Son graves y muy profundos los problemas que dejó Cristina y con un período no alcanza. Pero es cierto que Cambiemos también tiene a María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio y Marcos Peña, entre otros, con posibilidades de aspirar al sillón de Rivadavia. Por el contrario, el peronismo tiene ausencia de liderazgo claro. La única que mantiene un caudal importante es Cristina que garantiza que nunca haya unidad. Pero entre los que apuestan a Miguel Pichetto, como coordinador de un nuevo tipo de peronismo republicano, renovador y honrado, todavía no aparecen grandes figuras taquilleras electoralmente. Hay una renovación en marcha pero todavía es incipiente y sin un jefe claro que los guíe y aglutine.

Macri y Cambiemos lograron derrotar al peronismo que estaba en el poder. La soberanía popular desalojó a Cristina y Boudou del poder y no los quiso reemplazar por Daniel Scioli y Carlos Zannini. Menos mal. ¿Se imagina el país que hubiéramos tenido ahora con Scioli gobernando o con Zannini y La

Macri hoy es criticado desde la derecha más ortodoxa y desde la izquierda más dogmática. Unos lo acusan de ser demasiado gradualista, de no ajustar lo suficiente y de hacer populismo de buenos modales. Otros, lo fustigan por todo lo contrario: por ser un ajustador salvaje que gobierna para los ricos sin sensibilidad social.

En realidad, Macri se mantiene en el centro del espacio político. Mucho más desarrollista que liberal, con un rol importante para el estado y para el mercado sin excluir a uno ni a otro y con la obsesión por bajar la pobreza y la indigencia y generar mayor igualdad social mediante la meritocracia.

Hay un nuevo tipo de gobierno. Con menos discursos y más hechos. Con aciertos y errores pero con la capacidad de reconocerlos y modificarlos. Algo nuevo está en marcha y solo sabremos en el 2019 si llegará a destino. Algo está muy claro: en ese camino, está el destino de todos los argentinos. Ese barco puede llegar a buen puerto o hundirse. Eso lo veremos. Pero no hay dudas de que en ese barco vamos todos.


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