La columna de Leuco: “Adiós a Gils Carbó”

Habrá que levantar una copa para celebrar el comienzo del fin de la justicia militante K y el nacimiento de una justicia independiente.

En los brindis de fin de año, en los deseos de prosperidad habrá que levantar una copa para celebrar el comienzo del fin de la justicia militante K y el nacimiento de una justicia independiente, de prestigio social y excelencia profesional.
Es que Alejandra Gils Carbó levantó la bandera blanca y se rindió. Tiró la toalla. Ella era a la justicia lo que Julio de Vido fue a la corrupción durante el kirchnerismo. Fue la jefa de operaciones sucias de Cristina. La autora material del escudo de impunidad que levantaron para encubrir a todos los funcionarios, cómplices y testaferros de la ex presidenta y su familia. Ella fue la que diseñó el plan de acoso y ataque judicial al presidente Macri, a sus funcionarios y a muchos periodistas independientes que cuestionaron el autoritarismo cleptocrático de Cristina y su banda.
Alejandra Gils Carbó tenía mucho poder. Prometió resistencia y venganza. Dijo que jamás iba a renunciar. Pero finalmente lo tuvo que hacer porque quedó herida de muerte política producto de tres acontecimientos.
El primero fue su procesamiento por parte del juez Julián Ercolini. Un hecho inédito. La procuradora general fue acusada de administración fraudulenta porque en la compra del edificio que funciona como sede de su organismo se pagó una coima de 8 millones de pesos y en ese delito está directamente involucrado quien fuera su mano derecha.
El segundo cimbronazo, Gils Carbó lo sufrió cuando el juez Pablo Cayssails declaró inconstitucional el artículo que obligaba al juicio político como mecanismo de remoción de la procuradora. Eso no figura en la Constitución. Y esa resolución habilitó el camino para que, mediante un sencillo mecanismo de reforma de la ley del ministerio público, ella fuera destituída.
Y el último mazazo que recibió fue electoral. La paliza que Cambiemos le propinó al peronismo en general y a Cristina en particular.
Estos tres sablazos la dejaron sin respaldo político, sin argumentos legales, y acorralada por la investigación sobre un delito de corrupción. Fue too much, diría Cristina.
Le dieron jaque mate. Negoció quedarse hasta fin de año y tomarse licencia mientras tanto para poder jubilarse y poder ir a la segunda entrevista con el Papa Francisco que ya le envió su correspondiente Rosario.
Es el final del cerebro del sistema de impunidad kirchnerista, de la arbitrariedad de la fundadora de Justicia Legítima y de la máquina de producir imputaciones y ataques infundados contra quienes no se arrodillaron ante el altar de Cristina. Ella fue la titiritera de un estado mayor que más temprano que tarde entrará en el ocaso y fue la que hizo ingresar 860 militantes de La Cámpora para que tuvieran un centro de operaciones y sabotajes y cobraran jugosos sueldos para militar pagados por todos los argentinos. De paso inventaron otro gremio para desplazar a Julio Piumatto. Fueron por todo, tal como había ordenado la jefa espiritual.
Hay que decir que con su renuncia a plazo fijo se caen los 5 juicios políticos que tenía como espada de Damocles sobre su cabeza pero que continúa el juicio penal por la coima inmobiliaria que también pagamos todos los argentinos. No hay antecedentes históricos de una procuradora procesada. Es la jefa de los fiscales que fue investigada por un subordinado como Eduardo Taiano. El juez consideró que hay elementos suficientes para acusarla de ser la autora ideológica del armado de una licitación a medida que terminó con el pago de una coima de casi 8 millones de pesos. En la resolución de 200 páginas, el juez pone en evidencias varias mentiras y contradicciones de la procuradora que intentó culpar a su mano derecha de haber cometido ese delito. Ercolini habla de una verdadera “farsa” de “apariencia de legitimidad” y de “simulación” para violar en forma consciente y voluntaria los deberes de funcionario público”.
Ella es igual de tozuda que Cristina. Dijo que no se iba a tomar licencia ni iba a renunciar y que llevaría el caso al ámbito internacional. Laura Alonso, en su momento, la jefa de la Oficina Anticorrupción también le pidió que dé un paso al costado porque “le hace mucho daño a la justicia y a la Argentina”. Recordó que Gils Carbó en complicidad con el entonces titular de Unidad de Investigación Financiera hicieron zafar a Lázaro Báez del delito de lavado de dinero.
La doctora Elisa Carrió, fue la que sintetizo con mayor contundencia, el rol de Gils Carbó: “Utilizó su cargo para hacer negocios y para garantizar la impunidad de los que saquearon al país y que los más corruptos puedan seguir en libertad.”
Parte de la negociación con el gobierno la llevó León Arslanián. Es triste escuchar que un prócer que juzgó a las juntas militares y que está lleno de dinero y prestigio, muchas veces defienda a los peores de la sociedad y diga que Gils Carbó está acusada de “un delito imaginario”. Y encima hizo responsable a los medios de haber anticipado esta situación, cosa que se caía de maduro y que además, es parte del trabajo del periodismo.
Arslanian sabe que cada uno elige su destino. Del bronce de condenar a Videla y su banda criminal al barro de ensuciar la cancha para que Gils Carbó no vaya presa o se pueda retirar en forma cuasi elegante. El delito del que está acusada tiene una pena de 2 a 6 años de prisión.
El Colegio de Abogados que preside el doctor Guillermo Lipera hizo las presentaciones y consiguió el fallo del juez Pablo Cayssials que abrió un abismo a los pies de la procuradora que se creía eterna.
Ya en julio, Elisa Carrió dijo que Gils Carbó “es una delincuente que debería estar presa”.
De paso le recordó que ella suspendió al honesto fiscal José María Campagnoli para defender al actualmente detenido Lázaro Báez.
Gils Carbó dirigía una célula militante en tribunales que han logrado alrededor de cien imputaciones para funcionarios de Mauricio Macri y 5 para el presidente de la Nación. Algunas causas tienen cierta materia prima pero la mayoría están vacías, son puro humo, invento K.
Gils Carbó era un verdadero peligro institucional. Porque llenó de odio, revanchismo y militancia K un cargo que debería ser independiente. Eso es antidemocrático y desestabilizador.
Son institucionalmente graves las maniobras ilegales que hizo Gils Carbó para designar y trasladar fiscales a dedo y consolidar la “orga” llamada Justicia Legítima que responde a Cristina eterna.
El otro dolor de cabeza que tuvo Alejandra Gils Carbó es internacional. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) es una entidad de mucho prestigio que nuclea a 40 países y difundió un duro informe sobre la actuación de Gils Carbó donde cuestiona su extrema politización y diversas irregularidades en la designación de fiscales.
Gils Carbó a través de Carlos Gonella benefició a Lázaro Báez. La procuradora se movía en las sombras. Movía los hilos e hizo uso y abuso de su poder. Es casi una desconocida por la opinión pública. Gils Carbó es un peligro para las instituciones. Destituirla era una necesidad de la democracia para consolidar la República. Era una exigencia de la mayoría de los ciudadanos. Fue en defensa propia. Porque sin justicia, no hay República.
Gils Carbó entró por la ventana de la política luego de que Cristina y Amado Boudou humillaran a Esteban “El Bebe” Righi, el anterior procurador, que jamás dijo una palabra en su defensa.
Gils Carbó se va por la ventana de la corrupción, acorralada por la justicia y aislada políticamente. Adiós a Alejandra Magdalena Gils Carbó. Otra poderosa cristinista que se va derrotada a su casa. Triste, solitario y final.

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