La columna de Leuco: “Mac Allister, la familia fútbol”

El colorado Mac Allister es millonario. Pero no porque sea hincha de River ni porque haya acumulado fortunas en su vida deportiva. Es millonario porque pudo concretar la utopía de tantos padres: tiene a sus tres hijos jugando al fútbol en el mismo equipo. Hoy Mac Allister es el apellido de la familia fútbol. Yo soy bostero y no me gustó que nos ganaran el otro día. Pero me resultó maravillosa y luminosa la historia de un regalo de cumpleaños que no tiene precio. Carlos Javier Mac Callister es el Secretario de Deportes de la Nación y fue un marcador de punta que raspaba con fuerza y salía jugando con energía. Pasó por Argentinos Juniors (un colorado en los bichos colorados), uno de los potreros que abastecen al mundo de grandes jugadores. Mac Allister jugó en Boca y se ganó el afecto de la hinchada por la actitud combativa que en la cancha se dice: “poner huevos”. Era de esos que se tiran a los pies y pelean la pelota hasta el final. Con mi querida azul y oro ganó dos títulos de campeón, el Apertura 92 y la Copa de Oro Nicolás Lehoz. Cuando se retiró merodeó el periodismo deportivo, la dirección técnica y la representación de jugadores. Mal no le fue. Pese a que en su momento, había discutido muy fuerte con Mauricio Macri, hace dos años fue elegido diputado nacional por Cambiemos en La Pampa. Le hacía honor a su viejo llamado Carlos José que fue fundador del Movimiento Federal Pampeano y que le inoculó el bichito de la política. Murió muy joven y no pudo ver a su hijo como funcionario nacional ni a sus tres nietos jugando en Argentinos contra Boca. Justo cuando el Colorado cumplió 50 años. No debe haber mejor regalo para un padre. Alexis, que tiene 19 años, fue el autor del primer gol que desarmó a Boca y encima fue el que dio el pase en el segundo. Kevin, que tiene 20, le puso un candado al mejor jugador de Boca y prácticamente anuló a Pavón.Y Francis, el más grande de 22, entró en el segundo tiempo en reemplazo del capitán del equipo.

En esta historia que tan bien narró el periodista Daniel Avellaneda, hay que ver la sonrisa del padre. Los chicos, que cenan todas las noches en la casa de los padres, le regalaron un mate con el escudo familiar y un vale para un día en un spa. Pero el colorado sintió que su alma estaba plena y sus ojos húmedos cuando pudo abrazar a los tres después de apagar las velitas. Parecía ese scrum que arman los jugadores en el túnel antes de salir a la cancha. Se dan aliento y hay una arenga que motiva a dejar hasta la última gota de sudor en la cancha.

Los Mac Allister son la familia fútbol. El padre, como todo padre le contaba cuentitos para que se durmieran por las noches. Había dos historias recurrentes. La famosa de los tres chanchitos y la de los tres hermanos futbolistas que terminaban jugando juntos en el Real Madrid. El colorado, también como todo padre, se dormía antes que los chicos y antes del final del cuento. Los pibes a la mañana, con el desayuno lo primero que le preguntaban era como terminaba la historia del Real. Argentinos Juniors no es el Real Madrid, pero por algo se empieza.

Son chicos dedicados al deporte. Y eso es muy sano. Necesitan hacer una vida ordenada, sin excesos, de disciplina y sacrificio en los entrenamientos. Deben aprender a superar todo tipo de dificultades. La personalidad es clave en cualquier ámbito de la vida pero mucho más en el futbol profesional. Kevin se rompió dos veces los ligamentos. Otro se tuvo que ir a un equipo chico del interior porque no tenía lugar en primera. Otro parece que tiene una oferta de Estados Unidos pero quiere disfrutar un tiempo más de este presente. Juegan juntos como lo hacían en el potrero del barrio. En La Pampa hay un club que se llama Deportivo Mac Allister. Y ellos jugaron en el Club Social Parque, esa fábrica de estrellas de donde salieron Fernando Redondo, Juanpi Sorin, Juan Roman Riquelme, Cambiasso, Gago, Insúa y tantos otros.

El deporte en general y el fútbol en particular pueden ser instrumentos maravillosos para educar a los hijos. Enseña a jugar en equipo, a superar las adversidades, a tener coraje para jugar de visitante en canchas terribles, a superarse todos los días. Estos pibes juegan a la play y escuchan música como todos los pibes. Pero juegan al fútbol juntos y eso es una gloria. Para ellos y para su viejo. En los 70 estaba muy de moda un poema de Khalil Gibrán que solía estar hecho afiche en las paredes de cualquier casa. Dice así:

Tus hijos no son tus hijos,

Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No vienen de ti sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darle tu amor pero no tus pensamientos.

Pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes hospedar sus cuerpos pero no sus almas. Porque ellas viven en la casa del mañana que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos pero no procures hacerlos semejantes a ti. Porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Tu eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación de tu mano de arquero sea hacia la felicidad.

Todos los padres aprendemos a ser padres por ensayo y error. Mi experiencia es que hay que darles muchas libertades pero con responsabilidad y ayudarlos a cruzar los puentes pero no cruzar por ellos. Transmitirle el amor por la verdad y la familia, la energía de la pasión por tu oficio y la luz de la honradez para todas las cosas. No se puede educar sin curiosidad por todas las cosas. Es el primer paso de todo aprendizaje. Querer saber. Y sobre todo hay que enseñarles a tener coraje y a ser humildes. La cobardía y la soberbia son dos de los peores disvalores de la condición humana.

No es fácil pero tampoco es difícil. Se trata de ejercer en plenitud la máxima felicidad del hombre que es ser padre.

El fútbol y el deporte nos hace amigos para toda la vida. Les pone la misma camiseta aunque después vayan a jugar a otro lado.

La pasión de multitudes sin fanatismos violentos ni locuras barras bravas es una forma de ser argentino y de ver la vida. No digo la única. Pero somos futboleros y es parte de nuestra identidad nacional. Por eso creo que a todos se nos llena el corazón de alegría y de gol al conocer la historia de los Mac Allister.

La marcha del deporte dice por ahí:”
Una insignia en el corazón.

Un emblema como ilusión.

Y en el alma un deseo de honor y de gloria que vibra y es siempre… emoción.

Caballeros del juego hay que ser, al campo a salir / con fe y con valor/ adversarios que van a ofrecer/ en brega gentil/ ejemplo y vigor.

La confianza y la inspiración.

El amor a una institución.

Ha de darnos aliento y hacer que el esfuerzo, corone de gloria a un campeón

Los Mac Allister son un ejemplo. De felicidad y esfuerzo para lograr un objetivo. Una familia alguna vez puede ser un país. Una Argentina que salga campeón de la vida y donde nadie se vaya al descenso. Con la felicidad en la cara. Como los Mac Allister.