Clonazepam vs. Progreso y desarrollo

Se largó el año electoral de mitad de mandato (se renueva casi la mitad del  Congreso)  y coincidentemente copó el escenario ciudadano un desquiciado canibalismo dirigencial con clara trastienda de posicionamientos políticos-sindicales, aunque se nieguen.

Los dirigentes de cada sector  involucrado,  para justificar ante los medios las metodologías de los piquetes, acampes, cortes totales de calles y cierre de accesos que se revelan como diseñados y sincronizados  estratégicamente para paralizar la libre circulación y tránsito de millones de argentinos que resignadamente la quieren seguir luchando e interminables paros de docentes de las escuelas públicas,  esgrimen múltiples  argumentos sociales sectoriales con relatos de guión.-

Las imágenes del colapso callejero y el silencio de las aulas vacías, indefectiblemente nos conducen a otro nuevo e irresponsable  fracaso como sociedad.-

Días atrás, una marcha del aparato sindical, por cierto multitudinaria y pacífica, termina con una decisión de oficina  de declarar un próximo paro general nacional, evidentemente  forzado por el violento accionar de unos pocos forajidos que desalojaron y corrieron a los dirigentes convocantes.-

La experiencia histórica, nos demostró empíricamente que este tipo de medidas no beneficia ni a la gente ni  la imagen del país, pero en el cotidiano contexto de constante alteración callejera que vengo describiendo, este próximo paro general nacional, si acaso al mismo  adhieren las organizaciones piqueteras,   deberá valorarse y recordarse  como que tuvo un lado positivo, ya que al menos ese día  algunos argentinos  podrán circular libremente y sin restricción de ningún tipo por las calles y accesos de las ciudades más importantes del país. Rara paradoja.-

Ríos de tinta y de opiniones diversas sobre esta situación de alteración social,  nos invaden a toda hora por los medios de comunicación y por lo tanto, para suerte del lector, no será aquella la temática de esta  muy simple nota, aunque esté necesariamente  vinculada a aquellos hechos, de allí la necesidad del introito precedente.-

En su difusa  amplitud de límites, el tema que muy livianamente abordaré porque no soy médico ni experto en psicología científica es el del  “estrés colectivo” que   genera en la psiquis  de los argentinos  este constante y agobiante  mal humor social (incluyo a los que protestan), lo que interactúa como arma letal de estímulo al agotamiento de la paciencia de toda la ciudadanía.-

El estrés colectivo sumado a los cotidianos problemas individuales, familiares o de cualquier otro orden que nos toca vivir, nos convierte a todos en  presa fácil de los trastornos  de ansiedad,   insomnio, ataques de pánico, angustias, estados depresivos o de adicción, cuyo paliativo individual subjetivo terminan siendo los psicofármacos u otras adicciones peores.-

Tan es así, que el fármaco Clonazepam, droga  que actúa sobre el sistema nervioso central  y tiene efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos y miorrelajantes, etc.,  tiene hoy  cifras record de consumo recetado pero también existe un notable crecimiento de la automedicación, de allí que las estadísticas sobre su uso y consumo no resultan  confiables.  Lo propio sucede con el uso  indiscriminado de  otros tipos de tranquilizantes, etc.-

También nos distingue, que hoy tengamos un record absoluto de psicólogos por habitante.-

Todas las franjas o sectores  de la sociedad argentina están “estresadas” y tal vez sea a causa de ello que no estemos en condiciones psíquicas de arrancar hacia los  nuevos “desafíos” que impone la modernidad.-

Veamos:

– Los que más tienen y los  millones de personas de  la  clase media que honestamente  luchan por subsistir en las grandes ciudades del país, están prácticamente condenados a vivir bajo los efectos de los ansiolíticos y antidepresivos para tratar de sobrellevar las situaciones  realmente  estresantes de la cotidianeidad que nos presenta el convulsionado entorno social.-

–  Los  que menos o nada tienen, aclarando que  siempre por supuesto la mayoría son excepciones, como no disponen de servicios de salud adecuados ni de la posibilidad de comprar remedios,   van día a día  casi  inconcientemente  a refugiarse  en el  paco o en cualquier otra droga perforante del cerebro humano que no sólo  los está expulsando de la sociedad sino que lo que es peor, los  está  matando de a poco sin que acaso puedan darse cuenta de ello.-

–  Tenemos también a  aquellos  que sistemáticamente  y sin pudor alguno durante décadas saquearon al Estado o se enriquecieron por estar en el Estado (en cualquiera de las modalidades conocidas), porque créase o no, la realidad nos termina demostrando que  estos personajes a la corta o a la larga, como seres humanos que son,  también  entran en otros tipos de   “crisis” emocionales que los llevan a la farmacia en búsqueda de ansiolíticos, antidepresivos y sedantes. Ensayo, como mera hipótesis de lógica  racional de pensamiento, que  el mayor consumo en estos  casos se vincularía con la pérdida del poder; la  amenaza de la siempre tardía mano acusadora de la justicia o   el pasajero  repudio social  que los obliga a aislarse y ocultarse  entre los lujos que no pueden exhibir frente al resto de los ciudadanos de a pié, para luego intentar reciclarse y tratar de volver al ruedo.-

– Por último, referiré  al  colectivo de los funcionarios que tienen la responsabilidad de gobernar de cualquier partido de que se trate, que están constantemente sometidos a la insoportable presión y tensión  de tratar de resolver  la urgencia de los  conflictos sociales a los que referí al comienzo, situaciones estresantes  que les  quitan el tiempo y  la tranquilidad necesaria para proyectar, desarrollar y concretar políticas de progreso y desarrollo indispensables para el bienestar general de la población. Desesperan ante la falta de optimismo de la gente  al no poder concretar en lo inmediato que los argentinos comiencen a sentir los beneficios de la gestión y ese agotamiento prematuro tal vez sea el responsable de que se incurran en  errores no forzados de gestión, como lo señala el periodismo especializado. No dudo que  sus ansiedades, la sensación de impotencia y los  momentos de insatisfacción, también  los afecte psicológicamente y deban también  recurrir al consumo de medicamentos sedantes.-

La grandiosa Argentina de los recursos naturales – que aclaro en el mundo moderno  sólo representa una ventaja comparativa respecto de otros países pobres – está electrizada por el estrés de su gente y los constantes  fracasos de sus gobiernos. Logra sobrevivir gracias a la  asistencia de un destartalado respirador artificial, que es el Estado, pero  al que urgentemente habrá que hacerle importantes reparaciones para que siga funcionando.-

Pero lo cierto y real es que, contrariamente pasa con las personas que pueden medicarse, para arreglar al Estado del daño inflingido no hay fármacos ni drogas ni terapias mágicas, el único  “suero” para intentar recuperarlo y curarlo somos únicamente todos los argentinos.-

Hay miles y miles de argentinos – aún los medicados – que  tienen sobradas  cualidades intelectuales tanto sea  para conducir los destinos del país como también  para ayudar y colaborar sin egoísmos ni sectarismos a los que conducen, en función del bien común.-

El primer gran paso que debemos dar para intentar un mejor porvenir de todos,  es intentar  recuperar la  práctica de la institucionalidad, del respeto a la ley  y  de la ética, para  desalojar a la enquistada corrupción del sector público y de  sus colaboradores o sus aliados  privados.

La  impunidad debe necesariamente dejar de ser norma en todo el país.

El segundo gran paso, será  unirnos  sin distinciones ni exclusiones de ningún tipo,  para  decidir que futuro de país nos conviene, es decir,  si optamos por imitar el esfuerzo de las sociedades avanzadas, bien gobernadas y  felices  como Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza, Finlandia, Holanda (país donde se están cerrando cárceles), Canadá, Nueva Zelandia, Australia, Suecia o si preferimos seguir flotando en los océanos del estrés destructivo de la permanente confrontación que  paraliza las ideas,  ilusiones y esperanzas.-

Si optamos por el trayecto del progreso y del desarrollo deberemos comprometernos a  no  tirar “miguelitos” ni poner “palos en la rueda”  para intentar romper la necesaria  armonía y el orden propio del respeto del cumplimiento de la ley,  que necesariamente  debe existir en toda sociedad organizada, marco que posibilitará que se puedan ejercer con todo rigor los derechos y garantías  que nos confiere la Constitución Nacional  para lograr el tan ansiado el bienestar general de los que habitan el suelo de la Nación Argentina.-

No es solución ni el piquete ni los paros, necesitamos libertad, educación pública de calidad y generar trabajo digno  para desarrollarnos y bajar los alarmantes niveles de pobreza.-

Tampoco es solución, sino pura picardía,  vivir  procurando ahondar los graves problemas que supimos concebir anticipando en forma facciosa  una y otra vez por todos los medios de comunicación que nos esperan  más “fracasos”, porque esta también  es una práctica nociva y peligrosa que se utiliza  para “infectar” y “paralizar” el optimismo social. A diario vemos como desde distintos sectores se apela también  a esta usual  práctica de la política argentina la que tiene por resultado no modificar  ninguno de  los modelos tradicionales que durante décadas  han erosionado sistemáticamente al país.-

Por nuestro futuro próximo y el de las generaciones venideras,  debemos asumir las necesidades y  urgencias de todo el  pueblo argentino con extrema racionalidad y apelando al estrés del esfuerzo   creativo y no al del estrés destructivo,  como lamentablemente está ocurriendo por estos días.-

2 COMENTARIOS

  1. Excelente nota. Tan interesante como la anterior publicación con respecto a la “EDUCACION”.

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